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a El germen del descontento iraní: la dinastía Pahlevi

Por Lic. Erwin Viera* (Desde Buenos Aires)A

En 1925, Reza Khan, proveniente de una familia cosaca se alza con el poder. En el año 1941, mediante fuertes presiones ejercidas por Gran Bretaña y la extinta Unión Soviética, Reza Khan fue obligado a dimitir y dejó a su hijo Reza Pahlevi.

Transcurría el año 1953, y Reza Khan tuvo que exiliarse por las presiones del Primer Ministro Mossadegh y el Ayatola Kahani. Un año más tarde el Sha regresa y nombra Primer Ministro al general Zahedi quien con la ayuda de la CIA produce un golpe contra un movimiento de raigambre popular que buscaba llegar al poder.
El Sha a partir de 1962 puso en marcha la llamada "revolución blanca" que supuso la redistribución de las tierras (un tercio era del clero), la nacionalización de los bosques, la participación de los asalariados en los beneficios de la empresa y la liberación de la mujer, incluyendo la concesión del voto. La clave de esta "revolución" fue la redistribución de la tierra y, por tanto, enfrentarse con los religiosos: en 1964 fue expulsado Khomeini por su actitud opositora. Cabe señalar, que este programa de modernización e industrialización se basaba en la riqueza petrolera y en el apoyo de los Estados Unidos a esas iniciativas.
Como tantos gobernantes de países subdesarrollados, aspiraban a transformar a un país productor de petróleo en una potencia industrialista. Para ello se basaba en las divisas ingresadas por el oro negro (petróleo)  y la  mencionada reforma agraria.
Pero esta reforma agraria que según Eric Hobswam “era una manera de convertir a gran número de aparceros y arrendatarios en minifundistas arruinados y trabajadores en paro que emigraron a las ciudades”.
Estos “desamparados” ”o desprotegidos como los llamaría más adelante Khomeini serían uno de los pilares de la revolución islámica iraní junto con el partido comunista iraní y la clase medias (comerciantes, dueños de los bazares).
Desde principios de los años sesenta, el clero shiíta comenzó a oponerse a las políticas industriales y modernizante del Sha, además de ser críticos con el rol de la mujer y los impuestos a la tenencia de la tierra (un tercio de las mismas estaban en mano de los ayatollahs)
1968:  el mundo estaba convulsionado
Para la misma época del mayo francés, el monarca iraní Reza Pahlevi instrumentó aplicar  la reforma agraria que causó inmediatos problemas, en especial cuando al propósito inicial le sucedió una voluntad de crear grandes explotaciones de tipo agro-industrial. Esto comenzó a generar resquemores entre los minifundistas y los ayatollahs, dándole a estos un motivo más para entronarse como la única oposición valedera al régimen.
La elevación de los precios de los productos petrolíferos significó quintuplicar el PBI iraní en 1972-1977 y permitió al sha, en pleno optimismo, lanzarse a un proceso de modernización desbocado (y apoyado plenamente por Estados Unidos), que a su vez pretendía convertir a Irán en quinta potencia mundial en tan sólo un cuarto de siglo.  De ahí hallamos la explicación por el cuál Irán encargara centrales nucleares o que viviera en forma creciente de las importaciones de productos extranjeros. Para 1971, Irán era un importador neto de productos alimentarios.
Mientras tanto, la sociedad sufría una profunda conmoción; la riqueza derivada del petróleo se repartió muy mal y, sobre todo, se demostró efímera puesto que la inflación, provocada por la gigantesca inyección de capitales, acabó por deglutirla y la elite gobernante se enriqueció aún más, mientras que vastos sectores de la población veían que sus vidas no llegaban a tener acceso a la “modernidad forzosa “ del Sha.
Al mismo tiempo, desde la década del ´50, la monarquía del Sha había estado muy vinculada a los intereses occidentales, en especial con los norteamericanos. A esto hay que adicionar que el régimen de Pahlevi fue uno de los primeros en reconocer al Estado de Israel y de tener buenas vinculaciones con la entidad sionista.
Esta conjunción de factores, la implementación de una modernidad impuesta desde arriba (con la ayuda de una poderosa policía secreta, Savak), un régimen que se enriquecía sin lograr distribuir más apropiadamente los crecientes ingresos generados por la explotación del petróleo, ser una aliado privilegiado de los Estados Unidos y una política de buen vecino con Israel, fueron los ingredientes necesarios para germinar un movimiento de masas que ansiaba cambiar el orden imperante.

Grandezas y miserias del régimen de Pahlevi

La Monarquía había celebrado en 1967 el 2.500 aniversario del Imperio persa dotándose de un prestigio de la antigüedad más remota. Mantuvo un partido único durante mucho tiempo, a pesar de que una parte de los no permitidos eran compatibles con la forma monárquica tradicional (vemos cierta similitud al Egipto actual de Hosni Mubarak) Cuando se inició a partir de 1976 una liberalización, esta fue demasiado rápida, contradictoria e incoherente. En agosto de 1978 se radicalizó este proceso pero en noviembre un militar era designado como primer ministro para detenerlo.
Mientras todo esto acontecía al interior del  suelo persa, en Francia se gestaba el embrión del cambio de régimen,  mediante una figura emblemática de un ayatola, Khomeini. Este, exiliado en Irak hasta 1964, fue expulsado por el régimen de Bagdad, para luego trasladarse a Paris. Desde allí, mediante sus discursos y lecturas del Corán, que el ayatola grababa en cintas de cassettes, que eran enviadas hacia Teherán. Aquí es necesario aclarar algunas cosas. Primero,  que la figura del ayatola Khomeini creció gracias a su instalación en los medios de comunicación occidentales, en especial, los medios franceses que lo apoyaban. Segundo que las cintas grabadas llegaban a Teherán gracias a la colaboración del gobierno galo, debido a los intereses de Francia en tener un aliado estratégico en el estrecho de Ormuz. 
A medida que las reformas instrumentadas por el Sha fracasaban rotundamente, más personas veían a Khomeini como un líder carismático, líder que contrastaba notoriamente su ascética forma de vida con la buena vida y el despilfarro colosal de  la dinastía gobernante.
Cambios desde la Casa Blanca
A medida que el Sha se empecinaba con sus reformas impuestas, se iba gestando un caldo de cultivo entre los campesinos que habían migrado hacia las grandes ciudades en busca de una vida mejor, los dueños de los bazares que veían que sus negocios no prosperaban si no era aliándose a la elite del Sha, y el clero que por razones políticas y económicas aborrecía a la monarquía reinante. A su vez, en los Estados Unidos ganaban los demócratas, que se encolumnaron detrás de un ferviente creyente como James Carter, que  iba  ser de la políticas de derechos humanos su caballito de batalla. Todo esto significó que el Sha era un incómodo aliado para las expresiones políticas reinantes en ese entonces en la Casa Blanca, que dejó caer a la monarquía absolutista de Reza Pahlevi.

La caída del halcón persa

El 16 de enero de 1979 el sha se exilia en Egipto, y el 1 de febrero regresa Khomeini. Bajo su dirección, los islamistas consiguen enseguida hacerse con las riendas de la revolución y reprimir a los demás grupos. El 31 de marzo se hace un referéndum sobre la proclamación de la república islámica, obviamente amañado: la opción del clero es respaldada, según los datos oficiales, por el 99,9% de la población.
Muy pronto se demostró que así iba a suceder: las masivas manifestaciones públicas lo dejaron claro. Luego de que el Sha  abandonara Irán confió el Gobierno a un dirigente afín,  Chapur Bakhtiar, cuyo poder se volatilizó en apenas diez días; entonces, sin embargo, los propósitos del sha parecieron sinceros puesto que llegó a abandonar el país. El 11 de febrero de 1979, después de dos días enteros de motines y combates, la población sublevada junto con militares y guerrilleros favorables tomó por completo Teherán. La contestación contra el sha fue exclusivamente urbana y espontánea más que organizada.
En un principio, el propio Khomeini no tuvo inconveniente en que se hiciera cargo del Gobierno Bazargan, representante del nacionalismo liberal. Confluyeron los tres grandes grupos que podían, en efecto, considerarse triunfantes como consecuencia de la revolución: los liberales, intelectuales pro-Occidente, los marxistas que estaban emparentados con la herencia de Mossadegh, los izquierdistas, pertenecientes al Partido Comunista Tudeh o a grupos más radicales y los religiosos chiítas.
Pero como en toda revolución, siempre hay depuraciones y contramarchas y fue el tercer grupo que predominó, aunque el primero ocupara un poder restringido a la ordinaria administración o la gestión económica. Por otro lado, en algún momento dio la sensación de que en el contexto de una estrategia mundial la Revolución islámica podía favorecer los intereses de la URSS; muchos izquierdistas occidentales la juzgaron progresista. Muy pronto, sin embargo, se prohibieron las huelgas por cualquier tipo de causas, en otro tiempo promovidas por los izquierdistas, la URSS fue designada como "pequeño Satán" por Khomeini  (el “gran Satán" serían los Estados Unidos) y, en vez de encargar la redacción de una nueva Constitución a una Asamblea Constituyente, se decidió que la llevara a cabo una reunión de expertos islámicos, la mayor parte de ellos muy próximos al Partido de la Revolución Islámica, que los seguidores del líder espiritual organizaron después de la expulsión del Sha. Ya para el otoño se había producido toda  desaparición de cualquier impronta  liberal y en este ambiente se produjo la ocupación de la Embajada estadounidense por los estudiantes islámicos y el secuestro de 44 ciudadanos por espacio de 444 días. También una política sutil de persecución hacia la comunidad judía persa, lo que motivó que a lo largo del tiempo se marcharan de Irán, sin más que con sus pertenencias personales. El Estado islámico se quedó con sus bienes.
Desde entonces, los líderes políticos son al mismo tiempo los lideres religiosos y espirituales que custodian la fe y el poder en la Republica islámica de Irán.

*Politólogo, docente, investigador y analista internacional.

 

 

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La guerra del millón de vidas

Por Maximiliano Borches (Desde Buenos Aires) mborches@revistahorizonte.orgA

El 22 de septiembre de 1980 el Consejo de la Revolución, el supremo órgano del Partido Baas y el Estado iraquí, dio la orden de "dar golpes disuasorios a los objetivos militares iraníes". Con ello comenzó una guerra que acabó por complicar la situación en el Medio Oriente.

Los orígenes de este conflicto se remontan al tratado suscrito en Argelia entre Irán e Irak a comienzos de 1975 por el que el Sha –entonces gobernante del pueblo iraní- había obtenido una parte de Chatt-el-Arab, la confluencia entre el Tigris y el Eufrates de unos 200 kilómetros de extensión. Sin embargo, los antecedentes sobre la demarcación del área de Shatt al Arab se remontan al Tratado de Paz de 1639 entre el Imperio Otomano y Persia, dando origen  a una disputa que duraría tres siglos. Más tarde, el conflicto siguió sin resolverse y tampoco pudo dirimirse como estaba previsto, mediante el Tratado de Constantinopla en 1913 debido al estallido de la 1ra.Guerra Mundial.
En 1938 una comisión binacional tampoco pudo concretar una delimitación definitiva y más tarde la inestabilidad política en Irak, especialmente a partir de 1958 con el derrocamiento de la monarquía, impidió resolver el problema.

Detonante político

Sin lugar a dudas, la caída del régimen del Sha en febrero de 1979, a manos de los revolucionarios fundamentalistas islámicos, liderados por el Ayatolá Komeini -quien más tarde funda la República Islámica de Irán- fue la causa principal que reactualizó el conflicto para dar paso a la guerra. El cambio de régimen en Irán llevó a la pérdida de todo respaldo militar por parte de los EE.UU. debido a la crisis diplomática desatada con la toma de rehenes estadounidenses en la embajada de ese país, en noviembre de 1979 por parte de grupos fundamentalistas iraníes. Esta situación fue vista como propicia para que el entonces líder iraquí, Saddam Hussein, reivindicara militarmente esta disputa territorial.

Comienza el conflicto

El conflicto se inició con la irrupción el 22 de septiembre de 1980 a través de su frontera sur, de seis divisiones armadas iraquíes precedidas por un sorpresivo ataque aéreo, las que lograron inicialmente algunos moderados avances en territorio iraní. Dos años más tarde una contraofensiva iraní llevo la línea del frente nuevamente a las posiciones iniciales.
Desde 1982 hasta 1986 ambos bandos no lograron ventajas posicionales significativas incurriendo en una costosa guerra de desgaste en hombres y equipos que llevó finalmente a atacar directamente blancos civiles. Esta acción se llamó “La Guerra de las Ciudades”, tan solo Teherán llegó a recibir el impacto de 140 misiles iraquíes. La situación se trasladó más tarde a una nueva etapa de la guerra que consistía en destruir las estratégicas instalaciones petroleras para quebrar las fuentes de recursos que respaldaban el combate.
Esta situación derivó a que en 1984 el conflicto amenazara internacionalizarse en lo que se llamo la “guerra de los petroleros”.
En 1987 Irán acordó aceptar la resolución 598 del Consejo de Seguridad de la ONU exhortando al fin de las hostilidades. Pocos meses más tarde, en julio de 1988, finalizaba la guerra.
Apoyos internacionales
La entonces Unión Soviética, Francia y los demás Estados árabes fueron los principales proveedores de armamento del régimen iraquí que había contado, además, con el respaldo logístico de Arabia Saudita y Kuwait. Los Estados Unidos  parecieron, al principio, mantenerse fuera del conflicto, aunque terminaron proveyendo de armas a Irán, debido a la lógica disputa de la “Guerra Fría”, que mantenía con los soviéticos. Promediando el conflicto y en forma creciente hasta su desenlace, Estados Unidos aumentó su presencia militar en la zona, como así también su presión contra de Irán. El hecho que dio por sepultado el tapado apoyo militar a Irán, sucedió en julio de 1988, cuando el destructor USS Vincent, derribó “por error”, a un avión de la aerolínea iraní,  matando a sus 290 pasajeros a bordo.
El uso de armas químicas por parte de Irak, causó estragos en la población civil y en las fuerzas militares iraníes.

Trágico saldo

Al finalizar el conflicto, las pérdidas humanas eran cuantiosas, contándose unos 600.000 muertos del lado iraní y más de 400.000 muertos en el iraquí y las económicas, también fueron enormes, dado que a lo largo del conflicto uno de los principales blancos fueron las refinerías de petróleo de ambas partes.

 

 

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El conflicto imposible

Por Federico Wisnes* (Desde Buenos Aires)A

Las fisuras en la diplomacia de Occidente, y la escalada retórica han dado lugar a la crisis sobre el programa atómico iraní. Se interpreta que el uranio enriquecido es el eslabón fundamental en la carrera de ese país para producir armamento atómico, y debido que ya cuenta con los vectores de transporte, se constituya en un instrumento de desestabilización para la región amenazando directamente, y ya no a través de Hamas la existencia de Israel.

Los Estados Unidos ruidosamente, Europa de manera más discreta y Rusia y China casi a regañadientes consideran que el programa atómico de Irán ya no es sólo dual (fines pacíficos y militares) sino que es directamente militar. El presidente de Irán pasó de declarar que el programa era pacífico y que su país es signatario del Tratado de No Proliferación (TNP), pese a que admitió que el científico paquistaní Abd el Quadeer Khan le proveyó la información necesaria para el desarrollo de la bomba, a reivindicar el derecho de poseer el arma a través de funcionarios de su gobierno.
¿Cómo llegamos a una radicalización de posiciones, donde pareciera que no queda casi espacio para la diplomacia? ¿Dónde las partes se equivocaron y lanzaron al otro hacia  una huida hacia delante, dentro de una espiral de declaraciones incendiarias y amenazas?
El programa atómico iraní esta basado principalmente en tecnología rusa o china, a su vez derivada de la rusa, provista en este caso por Pakistán. El mundo esta al tanto de este programa desde hace tiempo, inclusive como hemos consignado anteriormente, y a diferencia de Israel, Irán ha firmado no sólo el TNP sino además numerosos protocolos adicionales de inspección y supervisión por parte de organismos internacionales con el fin de reducir la preocupación por parte de las potencias ante una posible carrera en pos de la bomba, y además alejar el peligro de acciones “preventivas” como la de Israel con su ataque al reactor iraquí. Asimismo para prevenirse de acciones militares, las instalaciones están esparcidas por  diversos lugares del país y son subterráneas.

Presión estadounidense

Estados Unidos mantiene una política de aislamiento hacia Irán, país al que considera patrocinador de organizaciones terroristas como Hamas, Hezbollah, y un desestabilizador del Oriente Medio. Para ser consecuentes con esta política obstaculizan cualquier inversión que una empresa americana quiera hacer en suelo iraní, presionan a países de Asia Central para que exporten su petróleo a través de gasoductos que eviten  el territorio iraní y que se dirijan a Ceyhan (Turquía) y no al puerto de Bandar El Abbas que sería mas viable económicamente, al tiempo que utilizan su poder de veto para impedir la entrada de Irán en la Organización Mundial de Comercio. La desestabilización del régimen iraní fue el motivo por el que Estados Unidos apoyó al derrocado régimen de Saddam Hussein en su guerra contra Irán que duró ocho años y se cobró un millón de vidas.
Hace dos años aproximadamente, en una muestra de buena voluntad, el entonces gobierno “moderado” de Teherán, lanzó una moratoria unilateral que significaba detener  - bajo supervisión internacional- el proceso de investigación del enriquecimiento de uranio (material de uso dual que no sólo es el combustible para las centrales atómicas sino la materia prima de las bombas atómicas. Europa (con mandato delegado por Estados Unidos en razón de la animosidad mutua con Irán) y Rusia desde enfoques diferentes trataron de que la moratoria temporal se transforme en definitiva. En principio Irán se mostró dispuesto a escuchar e inclusive puso un precio a esta pretensión: el acceso a la Organización Mundial de Comercio (algo que  Europa no estaba en condiciones de entregar).
Las negociaciones se estancaron producto de la negativa de Estados Unidos a acceder a la pretensión iraní y a la estrategia habitual norteamericana de “correr el arco” cuando se acerca el final de la negociación con el fin de conseguir ventajas marginales para su parte.
Cada uno continuó defendiendo su posición y reclamando el cese de las acciones unilaterales. Dentro de esto se puede señalar el triunfo diplomático norteamericano de llevar la cuestión al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (aunque no logró que ni China ni Rusia aprueben un programa de sanciones) y la declaración iraní de que logró enriquecer uranio para propósitos de investigación y amenazar con empezar la producción industrial del mismo, si es que la cuestión iraní es efectivamente tratada por el Consejo de Seguridad.
Una causa nacional
En este punto conviene comenzar a mirar dentro de Irán y de las circunstancias especiales que hacen de su programa atómico una causa nacional.
Producto de la guerra con Irak, el bloqueo norteamericano y la explosión demográfica, el que ya en los ´60 y ´70 era el país más importante de Oriente Medio por localización, tamaño y producción se encuentra en una seria crisis económica que los sucesivos gobiernos moderados no han sabido remontar. El desempleo, la inflación, la pobreza, el estancamiento económico y la explosión demográfica son problemas que el entonces presidente Rafsanjani no pudo manejar. En las últimas elecciones el vencedor fue Mahmoud Ahmedinejad, cuyo discurso fue de orden, limpieza de la corrupción, eficiencia y empleo. A estas promesas sumaba como credenciales su participación en todas las gestas épicas de la revolución iraní, (la vuelta de Khomeini, la toma de la Embajada estadounidense, su participación en la primera línea del frente en la guerra contra Irak) y su condición de “duro” en la ortodoxia shiita y una adecuada gestión de la alcaldía de Teherán.
Si bien la sociedad iraní reclamaba cambios en el rumbo económico, también reclamaba más apertura en cuanto a las rígidas costumbres que impone el régimen, las relaciones de tira y afloja se ven hace varios años y van desde el cierre de medios de comunicación considerados moderados hasta endurecimiento en los códigos de conducta y vestimenta que se exigen a los ciudadanos. Este conflicto existe y es visible, sin embargo en lo que hay unanimidad dentro de la sociedad y el espectro político iraní es que la pretensión de un programa nuclear con fines pacíficos es su derecho inalienable como Nación. Esta certeza cruza horizontalmente el mapa político y social iraní y sólo así es como se pueden entender las negociaciones entre Irán y Europa hasta el día de hoy.

Límites del actual gobierno iraní

Sin embargo ese sustento político del que disfruta el actual Gobierno, no se extiende a otras áreas. Al actual Presidente le fueron vetados varios miembros de su Gabinete por parte del Parlamento, incluyendo al estratégico Ministro del Petróleo por lo que presentó una serie de candidatos y ninguno fue aprobado.
También dentro del Servicio Exterior iraní la posición de Ahmedinajad no es sólida, y de hecho debió purgar a varios elementos considerados moderados (incluyendo al entonces embajador en Inglaterra) y reemplazarlos por gente de su confianza, que a menudo no tenía la misma capacidad ni conexiones que los reemplazados.
A todo esto cabe recordar que si bien el titular de el Comité Nuclear Iraní es el vicepresidente, las decisiones en este sentido pasan todas por el Comité de Seguridad de la Nación a cargo del ayatollah Ali Khamenei, máxima autoridad del país, y que más allá de toda la retórica, en asuntos de defensa y de política exterior, el poder de Ahmedinejad es menor del que sus declaraciones insinúan.
En vista de todo esto es posible considerar que la movida iraní en un principio haya tenido como objetivo galvanizar la opinión publica interna de tal manera de hacerse de los apoyos políticos que en principio parece carecer.
La propia dinámica de sus acciones luego radicalizó el discurso de las partes y una vez que supo como conseguir que se lo escuche desenterró prácticas antiisraelíes y antioccidentales que ya habían sido dejadas de lado por el régimen de los mullahs. Su discurso de negar el Holocausto provocó la lógica indignación internacional que al mismo tiempo puede ser mostrada hacia la opinión pública como un ataque a su integridad nacional.
A esto también contribuye la lógica preocupación de tener a la Superpotencia sobreviviente de la guerra fría, invadiendo a su mal querido vecino y tratando de imponer un sistema político por la fuerza de las bombas, mientras incluye a su país en el llamado “Eje del Mal”, a la vez que emite claras amenazas de uso de la fuerza y trata de desestabilizar el gobierno electo mediante desinformación, trasmisiones radiales o endureciendo el aislamiento internacional de Irán. También bajo esta lente se puede ver el hecho de que rodean a Irán países que tienen la bomba atómica (Rusia, India, Pakistán, Israel)  y sobre los que la comunidad internacional no ha actuado con la misma severidad como ha hecho con Teherán.

Aumenta la tensión

Todo esto ha llevado a una escalada de declaraciones pirotécnicas de uno y otro bando. La actual situación hace recordar un poco al inicio de la Primera Guerra Mundial, donde la ineptitud de los dirigentes del momento zambulló al mundo en un conflicto de consecuencias inimaginables.
Urge encontrar salidas a la crisis, las declaraciones incendiarias no ayudan, en este sentido también la oferta de Irán para financiar los déficit de caja de Hamas, son un llamado de atención de la proyección de éste en la región, lo mismo que deben mirarse con una lente especial las acciones de Irán en los países centro-asiáticos.
Sin embargo hay indicios de que la crisis tiene posibilidades de desactivarse, los anuncios de la Agencia Internacional de Energía Atómica de que no le consta que Irán este enriqueciendo uranio con fines militares, la mediación rusa para enriquecer uranio en su país (Irán, si bien anuncio el acuerdo, también aclaró que no renuncia definitivamente al proceso tal como quieren Estados Unidos y  Europa), son señales del realismo extremo en este sentido de la política iraní, consciente de su total falta de apoyos, tanto en el mundo árabe como en Occidente y su grave dependencia de China y Rusia, cliente uno y proveedor de armamentos y cliente el otro.
En el futuro quizás haya que  facilitarle a Irán el acceso a la llamada “non dual technology” para el desarrollo de su propio programa de energía nuclear con fines pacíficos, sin dejar de exigirle el retiro del apoyo a grupos como Hamas y a cambio de esto permitir el ingreso de Irán en la OMC.
Hay que recordar también que los intereses de Irán son muy similares a los intereses de Estados Unidos (de hecho generaron acuerdos sobre Afganistán en lo relativo al tráfico de drogas y el derrocamiento del régimen talibán), por lo que un acuerdo entre ambas partes no sólo es posible sino también altamente deseable para estabilizar la región.
Tan sólo un Irán integrado a la comunidad internacional será moderado, democrático y respetuoso de los derechos humanos. La política del cordón sanitario lo único que ha conseguido hasta el momento es radicalizar posiciones y alejar del poder a aquellos que optan por las vías pacificas antes que por la violencia.

*Abogado
De hecho en los ´90 Argentina fue obligada a desistir de la venta de un reactor atómico de investigación a instancias de Estados Unidos que ya veía con desconfianza el programa nuclear iraní.
2 Se duda de la capacidad tecnológica de los iraníes para desarrollar la maquinaria adecuada para la producción del Uranio 238 con fines industriales
3 A este respecto se pudo ver presentas en la transmisión televisiva de la ceremonia y  anuncio iraní acerca de su capacidad de enriquecer uranio, a no solo el presidente Ahmedinajad, sino también al ex presidente Rafsanjani y a miembros de todo el cuerpo político y militar del país.

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¿Sanciones económicas o medidas militares?

Por Alberto Mazor (Desde Israel)A

La imposición de sanciones a Irán en relación con su programa nuclear daría inicio a una nueva era de confrontación, sin que haya seguridad de que éstas lograrían su objetivo de poner fin a las ambiciones nucleares de Teherán. Cualquier sanción sería principalmente de orden económico. Su efecto es cuestionable ya que existen varias etapas, algunas cumplidas y otras por cumplir antes de poder imponerlas.

Para comenzar, los países occidentales coincidieron en que la decisión iraní de no tomar en cuenta las advertencias de la ONU y de retomar las investigaciones sobre el enriquecimiento del uranio significó el cruce una línea roja y que de muy poco sirve, por ahora, la vía diplomática. Los tres países que han estado negociando con Irán – Reino Unido, Alemania y Francia – han llegado a esa conclusión.
Después, Occidente y sus aliados convencieron a la OIEA de que era necesario remitir el caso de Irán ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
El Consejo pidió a las autoridades de Teherán que suspendan otra vez todas las actividades nucleares y que reinicien las negociaciones. Advirtió, además, que en caso de que Irán se negara a hacerlo, podrían imponerse sanciones.
Al parecer, este tipo se medidas estarían orientadas antes que nada contra el comercio, en especial el de la principal industria iraní, la del petróleo y el gas.
Es de tener en cuenta  que Irán también está tramitando su ingreso a la Organización Mundial del Comercio (OMC); esta solicitud, que se encuentra en una etapa temprana, podría ser bloqueada. Sólo el año pasado se estableció un equipo de trabajo para considerarla; todo ese trabajo, eventualmente, se cancelaría.
EE.UU ya está embargando su importante comercio energético con Irán. La Casa Blanca tiene mucho interés en evitar que las compañías petroleras estadounidenses ayuden a Teherán a desarrollar sus reservas.
Según la OMC, el petróleo y el gas, además de los productos mineros, representan el 86% de las exportaciones iraníes.
Pero EE.UU no puede permitirse esperar que otros países den pasos drásticos similares; con los frágiles resultados de su intervención en Irak y la opinión pública desfavorable, le podría resultar difícil convencer a algunas naciones de que es necesario tomar cualquier tipo de medidas.
Por ejemplo, es poco probable que China, que tiene poder de veto en el Consejo de Seguridad y está buscando petróleo en todo el mundo, vote a favor de un embargo petrolero, ya que en Noviembre de 2004 firmó un importante convenio con Irán para comprar su petróleo y su gas, en un acuerdo estimado por los chinos en 70.000 millones de dólares.
Occidente también deberá tener mucho cuidado en medio de la actual crisis petrolera. En estos momentos Japón es el principal importador de petróleo iraní y no parece tener interés en que se reduzca mucho ese comercio

Rusia

La actitud de Rusia, que está fabricando una central nuclear en Irán, es también para tomar en cuenta. El gobierno ruso se ha mostrado más crítico de Irán recientemente, en especial desde que Teherán rechazó y luego aceptó su oferta de enriquecer su uranio y de suministrar el combustible para la energía nuclear que Irán dice que quiere y necesita. Aún así, Rusia tal vez no quiera ir demasiado lejos.
Por todo esto, todavía hay un largo camino por recorrer antes de imponer sanciones. La pregunta inmediata sería: ¿servirían de algo?
A corto plazo hay que dudarlo. Aunque la industria iraní podría disminuir su ritmo como resultado de las mismas, los líderes políticos y religiosos del país no parecen preocupados. Hay una gran demanda de petróleo e Irán tiene reservas sumamente importantes.
Los líderes iraníes tienen la mirada puesta en un horizonte más amplio. Irán, dicen, tiene el derecho de desarrollar su propio ciclo de combustible nuclear y no debe ceder ante lo que consideran presiones de Occidente.
Cuando la política y el orgullo nacional están en primer plano, se relega la economía. Para Irán esta ya es una cuestión de prioridad nacional.
Teherán también está explotando astutamente sus derechos legales: de acuerdo al Tratado de No Proliferación Nuclear sí puede desarrollar un ciclo de combustible nuclear bajo inspección. Eso es lo que dice que quiere hacer. El argumento en su contra es que perdió tal derecho al esconder anteriormente un programa de enriquecimiento y ahora no puede actuar como si no hubiera pasado nada. Según este argumento, Irán podría comprar combustible de varios países bien regulados de la misma forma en que lo hacen otros.
Cabe entonces el interrogante: ¿qué pasaría si las sanciones no sirvieran de nada?
En algún momento Irán podría llegar a dominar la tecnología de enriquecimiento de combustible. Esto, según los expertos, tardará varios años; pero tarde o temprano, podría suceder.
Posibles medidas militares.
Occidente e Israel alegan que no se puede tener confianza en Irán; que la tecnología empleada para enriquecer uranio para combustible, serviría más tarde para provocar explosiones nucleares.
Si uno domina una de estas técnicas, señalan dichos expertos, domina la otra. Esto le permitiría a Teherán abandonar el Tratado de No Proliferación Nuclear y fabricar armas nucleares; eso sería ya un desafío iraní a la comunidad internacional.
Si eso ocurriera, Occidente e Israel tendrían que decidir nuevamente que hacer.
EE.UU no se mantendrá al margen. El gobierno americano ha dicho repetidamente que no permitirá que Irán fabrique una bomba; no va a invadir Irán, porque no puede, pero sí puede atacar instalaciones en las que supuestamente se está trabajando en el enriquecimiento de uranio.
También es posible que Israel, en base a su concepción estratégica, no quiera esperar tanto tiempo para tomar medidas.
En resumen, el panorama se torna sumamente complicado: la impotencia de EE.UU para controlar militarmente a Irán, la inestabilidad política en varios países europeos, la frágil situación política en Israel después de las elecciones y la tensión creada en la zona tras la victoria de Hamas pueden desembocar en decisiones muy delicadas y comprometidas para la paz en la región y en el mundo.

 

 

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¿Sanciones económicas o medidas militares?

Por Zidane Zeraoui (Desde Monterrey, México)A



 
”El presidente ruso, Vladimir Putin, aprovechó su encuentro (el 27 de abril de 2006) con la canciller alemana, Angela Merkel, para rechazar que el Consejo de Seguridad de la ONU se ocupe de la crisis nuclear abierta con Irán. Para el mandatario ruso, debe ser la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) la que desempeñe un papel clave en la resolución del conflicto. "La AIEA debe mantener su papel central, no debe encogerse de hombros y pasar el tema al Consejo de Seguridad", señaló Putin. 
El dirigente ruso volvió a dejar en claro su desacuerdo con la idea de imponer sanciones internacionales a Irán. "Todavía es demasiado pronto para decir qué decisión podemos tomar juntos. Lo principal es que sea una decisión consensuada, sea cual sea. Discutiremos esto con nuestros socios europeos, EEUU y toda la comunidad internacional"2.

La posición del mandatario ruso se une a la del liderazgo chino para enfatizar el rechazo de la política norteamericana vis-à-vis de Irán. Para Moscú, Teherán representa su principal mercado de armas en la región. A finales del año pasado Rusia vendió aviones de caza de la última generación (MIG 29 y 31) a Irán, además de misiles “invisibles” para los radares estadounidenses. Con estas armas, Irán se siente con la fuerza suficiente para desafiar cualquier amenaza, por lo menos, con poderío para infligir un golpe destructivo a cualquier atacante.
Por su parte China busca acercarse al régimen de los Ayatolas para contrabalancear la política regional norteamericana. En su última visita al subcontinente indio, el presidente George W. Bush firmó un acuerdo nuclear con la India para respaldar su programa atómico. El apoyo estadounidense a Nueva Delhi es interpretado en Beijing como la nueva estrategia de Washington para incrementar la tensión en la zona y convertir a la India en un rival consolidado frente a China.
Así, con los apoyos ruso y chino, Irán se siente lo suficientemente fuerte para seguir desafiando a Estados Unidos. Además, un ataque a Irán podría disparar aun más los precios del petróleo por encima de los 80 o inclusive 90 dólares el barril, perspectiva que sacudiría fuertemente  las economías occidentales.
Mal momento para otra guerra
Sin embargo, la amenaza iraní podría ser la más seria para los Estados Unidos. Los dirigentes iraníes han analizado la capacidad militar norteamericana para invadir otro país meso-oriental y es obvio que el pantano iraquí impediría cualquier otra aventura bélica de la Administración Bush. Si el costo humano en Irak rebasa a las 2300 víctimas para el ejército norteamericano (además de las otras nacionalidades y fuerzas no militares), una invasión a Irán implicaría mucho más pérdidas tanto por la capacidad bélica de Teherán como por su peso poblacional. Por otro lado, el costo económico de la guerra de Irak ha dejado agotadas las arcas de Washington. Para poder construir el muro entre Estados Unidos y México y así vigilar la inmigración ilegal, el Congreso norteamericano sugirió la reducción de tropas en Irak. Otra aventura bélica en estas condiciones parece muy poco probable. La opción de un bombardeo específico a  blancos nucleares podrías ser la otra opción. Sin embargo, la respuesta iraní, con su armamento sofisticado y sus relaciones regionales los grupos radicales, conllevaría  dificultar aún más tanto las relaciones palestino-israelíes como la presencia estadounidense en el Medio Oriente.
En Afganistán, desde hace un poco más de un año los talibanes han retomado la ofensiva contra el gobierno del presidente Karzai con más éxito que los primeros años. Por otra parte, el gobierno paquistaní del presidente Musharraf, decepcionado por el acuerdo indio-norteamericano que podría representar en el futuro una amenaza para su propio país, parece adoptar una actitud más condescendiente frente a la guerrilla pashtún que se abastece en los alrededores de la frontera afgano-paquistaní. Una mayor injerencia iraní en la crisis afgana posicionaría al gobierno de Kabul entre dos frentes: el oriental y el occidental.
En Irak, la resistencia es cada vez más consolidada y con la casi guerra civil entre sunnitas y chiítas, es poco probable que la administración Bush pueda convencer a su propio Congreso de aprobar una nueva invasión. Además, con la victoria de la centroizquierda en Italia con Romano Prodi y la posibilidad de un retiro italiano de Irak, las fuerzas de la  coalición ven reducirse cada vez más su capacidad.
Consolidación iraní
La convergencia ideológica entre el liderazgo chiíta iraquí y el gobierno de Teherán inquieta cada vez más a las fuerzas de ocupación del país. Apenas investido como primer ministro, el año pasado, Al-Jaafari visitó  Teherán para mostrar su preferencia política. El Gran Ayatola iraquí Alí Al-Sistani, durante la dictadura, residió varios años en Irán. La caída de Saddam Hussein fue más benéfica a Teherán que a Washington por la mayoría chiíta del país. Para evitar el acercamiento entre el nuevo gobierno iraquí e Irán, los Estados Unidos han puesto varios candados a la constitución y al gobierno chiíta. Por una parte, el primer ministro debe aprobarse con una mayoría de los dos tercios del Parlamento, lo que obliga a los partidos chiítas a buscar el apoyo o de los kurdos o de los sunnitas,  y por otra parte, la administración norteamericana insiste en la inclusión de los sunnitas en el gobierno de la mayoría. La presencia sunnita por su rivalidad histórica con Irán, impediría un acercamiento con las comunidades chiítas del otro lado de la frontera.
Frente a la problemática palestino-israelí, la política occidental de bloquear los fondos a Hamas y la actitud de Tel-Aviv de no negociar con el nuevo gobierno palestino, puede permitir que Teherán se convierta en el principal apoyo del movimiento radical lo que podría llevar la crisis meso-oriental más allá de las fronteras de Tierra Santa.
A pesar de sus errores y deslices, el presidente Ahmadinejad, ha consolidado su poder internamente, con el respaldo de la línea dura del Consejo Islámico, y a nivel regional su desafío abierto a los Estados Unidos y sus éxitos nucleares (como el enriquecimiento de uranio anunciado hace unas semanas), lo convierten en un polo de atracción para los radicales musulmanes. De la misma manera que el poderío paquistaní fue visto como la emergencia de la “bomba nuclear islámica”, la capacidad atómica iraní podría convertirse en el pilar del fundamentalismo y atraer más hacia Teherán a los radicales islámicos.

1 Coordinador de la Maestría en Estudios Internacionales del ITESM, Campus Monterrey, México y autor de varios libros sobre el Medio oriente. Los últimos: Islam y política. Los procesos políticos árabes contemporáneos (2004) y La guerra contra el terror. Estados Unidos, Afganistán y la lucha contra el terrorismo (2006).
2 Polikarpov, Dmitri “Toma de posición de Moscú frente a la crisis nuclear. Putin rechaza que el Consejo de Seguridad castigue a Irán” en El Periódico, 28 de abril de 2006.

a Dossier: Irán, historia y presente

Estados Unidos y la Unión Europea ante la amenaza nuclear de Irán

Por Ingrid Hecker-Perry* (Desde Nueva York)A


           
Una vez más, la historia le pasa la cuenta a Estados Unidos. El programa nuclear iraní, comenzó durante el mandato del Sha en aquel país, y con ayuda y apoyo del gobierno del entonces presidente Jimmy Carter, quien visitara Teherán el 31 de diciembre de 1978. En dicho encuentro se reunió con el Sha Mohamed Reza Pahlevi y el entonces rey Hussein de Jordania.

Tanto Estados Unidos como la Unión Europea, enfrentan un dilema aterrador. ¿Cómo detener las aspiraciones nucleares de un país que pondría al mundo en riesgo de lo que sería indudablemente, una tercera guerra mundial de características apocalípticas? ¿Cuál será el camino para Washington y Bruselas: diplomacia o invasión?
Para que la diplomacia sea efectiva, se necesitan al menos dos interlocutores, y hasta ahora Irán se ha negado una y otra vez a conversar con los Estados Unidos porque lo considera un Estado pagano, enemigo de Dios y de los musulmanes. Junto a ello, el que Estados Unidos y la Unión Europea apoyen la existencia del Estado de Israel, implica para este eje de violencia terrorista, un impedimento poderoso para cualquier intento de escucharse mutuamente. Los intermediarios no faltan, pero al parecer hasta el momento, no han dado resultados positivos.
El periodista de la revista “The New Yorker”, Seymour Hersh, ha dicho que los Estados Unidos están considerando diversas opciones militares para eliminar las ambiciones nucleares de Irán, incluso el uso de bombas nucleares para destruir los ‘bunkers’ subterráneos que estos siguen construyendo. El presidente Bush y su secretaria de Estado, Condoleezza Rice en diversas intervenciones y viajes al extranjero, no lo han desmentido completamente ni tampoco lo han confirmado.
El propio Bush sostuvo una entrevista con Hersh, en la que expresa: “… La doctrina de prevención (mi énfasis) debe funcionar en conjunto con la diplomacia para prevenir que los iraníes desarrollen armas nucleares. Yo se que acá en Washington prevención significa el uso de la fuerza. No necesariamente. En este caso, significa diplomacia.
Y a propósito, leí los periódicos este fin de semana. Eran especulaciones sin fundamento. Lo que está leyendo el público, son especulaciones y nada más. Eso es muy frecuente acá en la capital de la nación…”
La corresponsal del Pentágono para la CNN, Barbara Starr sostuvo que los oficiales de dicha repartición militar y de inteligencia, aseveraron firmemente que los planes de contingencia para Irán son solamente eso, planes rutinarios. También sostuvieron que el camino hacia el futuro es ciertamente la diplomacia, para convencer a Irán que renuncie a sus programas nucleares.
La misma corresponsal, sostuvo que un ataque a las instalaciones subterráneas de Irán, es muy difícil, según lo que explicaron oficiales militares de los Estados Unidos, y que el artículo de Hersh denunciando estos planes para un ataque militar, es simplemente falso.
Expertos con conocimiento de Irán, sostiene que habrían docenas de lugares con instalaciones nucleares, de los cuales se conoce solamente un mínimo.
Un objetivo crucial, sería la planta de enriquecimiento de uranio cerca de Natanz, al sur de Teherán. Por cálculos que se han realizado, ésta podría proveer uranio enriquecido para por lo menos veinte (20) cabezas nucleares al año. Pero los puntos cruciales de esta planta, yacen bajo múltiples niveles de concreto diseñados para resistir el bombardeo de armas convencionales. Y actualmente, Estados Unidos dice no tener armas tácticas nucleares como para penetrar tan profundamente y destruir dicho objetivo sin producir contaminación nuclear en la zona.
El general retirado, y antes comandante de CENTCOM (Comando Militar Central), Anthony Zinni, sostuvo que: “Siempre hay problemas con el ataque a objetivos situados profundamente…” Barbara Starr, le comenta al general que si como producto de un ataque así, habría consecuencias políticas y de seguridad, desastrosas para Estados Unidos y para el mundo. Zinni, respondió que lo primero que hay que considerar y tomar en cuenta, es que un país como Irán “… no va a aceptar mansamente un ataque de estas características…”
Además, oficiales militares norteamericanos y europeos, han dicho que existe una gran inquietud que Hezbollah y/o Al Qaeda lanzarían de inmediato ataques terroristas a través de todo el mundo en respuesta a dicha invasión. Las tropas de ocupación americanas en el vecino Irak, obviamente quedarían más vulnerables que nunca.
En la misma entrevista, Starr sostuvo que los expertos militares necesitarían alrededor de 400 bombas para destruir completamente el programa nuclear de Irán.
Y este sería solamente el trágico comienzo de lo que Estados Unidos define como la necesidad de destruir otro régimen autoritario, represivo y antidemocrático de la región…El camino de la diplomacia parece ser cada vez menos viable, al menos no mientras Irán que es uno de los interlocutores necesarios, no este de acuerdo en conversar.

Más amenazas

El presidente Mahmoud Ahmadinejad sostuvo durante la Parada Militar del Día del Ejército, que cualquier agresión será lamentada, venga de quien venga. Ahmadinejad emitió esta advertencia durante una muestra del poderío militar de su país. Insistió, en que Irán proseguirá desarrollando tecnología nuclear: “… la patria ha creado un ejército poderoso que puede defender sus limites políticos y cortarle la mano a cualquier agresor…”
¿Que hacer con Irán? Discutir la posible salida diplomática será el objetivo de una reunión en Moscú entre los oficiales más importantes de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, así como también estará presente Alemania. Se hace urgente una discusión sobre el tema, sobretodo, después que Irán hiciera una demostración de su programa nuclear a nivel mundial/televisivo, en que todo el proyecto aparecía como algo inofensivo, en medio de música, danzas y canciones folclóricas y rezos del Corán.
Estados Unidos presiona por medidas “fuertes”. Rusia y China, se oponen a cualquier sanción o medidas punitivas, al menos por el momento.
¿Que se espera lograr en esta reunión y por qué en Moscú? Será una reunión bilateral la que sostendrán los directores políticos del G8, y será en San Petersburgo a finales de Junio.

Juego de credibilidades

Lo que Estados Unidos espera lograr, en la gestión de Nick Burns, actual subsecretario de asuntos políticos del Departamento de Estado, es que se asuma que la credibilidad de las Naciones Unidas está en juego en lo que se refiere a este asunto.
Sostendrá, que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, necesita actuar enviándole a Irán un mensaje de advertencia para que cumpla y se ajuste a las exigencias internacionales y de la AIEA en cuanto a sus ambiciones nucleares. Lo que los Estados Unidos pretenden, es una resolución contundente del Capítulo 7, que tenga el peso de la Ley Internacional.
Se comenta que, probablemente, llamará a retomar las ideas principales que se conversaron a comienzos de este mes en torno a la suspensión del enriquecimiento de uranio, y volver a la mesa de negociaciones con la Unión Europea y Rusia además de cooperar con la AIEA. Si esto no funciona, se dice que pedirán sanciones más estrictas, también bajo el Capítulo 7, quizás en contra del régimen.
¿Puede el mundo estar seguro que será una resolución bajo el Capítulo 7, o está aún todo en el aire? Es muy difícil hacer una estimación real. La volátil situación de la región, convierte todas las medidas en algo relativo. La Secretaria de Estado Condoleezza Rice, como hemos dicho anteriormente, pide medidas fuertes. Ha dicho, junto a otros personeros de la administración Bush que: “… todo lo que ocurra en Moscú, no puede considerarse otra afirmación más del secretario general de las Naciones Unidas. Lo que se quiere, si es que Irán se niega a cumplir y obedecer, es algo realmente contundente bajo el sistema de gobierno de las N.U., que tenga el peso de la ley internacional…”
La importancia de negociar bajo las condiciones establecidas bajo el Capítulo 7, es dejar en claro ante el mundo que Irán es una amenaza a la paz y a la seguridad internacional.
Todo esto, en medio de una convulsionada región en que los ataques terroristas en contra de Israel, no cesan. Para Irán, la existencia de Israel, es vista como una amenaza a sus pretensiones de dominación y expansión territorial, política y militar.

Conclusión

Por cierto, Irán sin lugar a dudas, ve a Estados Unidos como el responsable de lo que tal vez considera su ‘humillación histórica temporal’… y por tanto, el enemigo que debe destruirse sin piedad ni negociaciones, junto a todos sus aliados.
Es triste ver como todos los días viernes a la salida de las mezquitas, el ritual callejero muestra a miles de iraníes enfurecidos quemando las banderas de EEUU., e Israel, gritando consignas en contra de sus pueblos y llamando a la destrucción del enemigo.
¿Y cual será el interés de las grandes corporaciones petroleras y de confección de maquinaria de guerra de occidente? No nos olvidemos de que el componente económico/financiero, es uno de los elementos decisivos en el camino hacia los conflictos armados.
¿Diplomacia o guerra? Es cierto que el diálogo todo lo puede, sobretodo si se da pensando en el bien mayor de los pueblos. Pero en este caso, todos los interlocutores parecen estar sordos al interés de millones de personas que desean la paz y el bienestar en y para la región.

*Socióloga, Ph.D

 

 

 



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