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a “Kadima”: el arca de Sharon

 Por Dov Avital (Desde el kibbutz Metzer, Israel)

A

El maremoto político desencadenado por el “Plan de Desconexión” unilateral de Ariel Sharon arrasó con todas las estructuras políticas de Israel y Palestina a una velocidad y con una totalidad que indican lo endeble y vetusta de la situación en que éstas se encontraban.
Es cierto que por la parte israelí muchos apostaron ya antes a presentar una opción política nueva, pero ninguno de estos intentos prosperó. Por lo visto, era necesaria una figura de la dimensión de Sharón, y un hecho concreto de gran envergadura como la retirada de Gaza y el desmantelamiento de los asentamientos, y no una mera plataforma electoral para generar el efecto demoledor.
A diferencia de Sansón, las ruinas no cayeron sobre la cabeza del protagonista, sino que éste surgió incólume y fortalecido tras derribar las columnas del nacionalismo religioso y mesiánico, de quien había sido uno de sus generadores centrales.

El siguiente paso, aún más arriesgado según los cánones de la política tradicional israelí: fue abandonar una estructura política de gobierno, encontrar un apoyo enorme en las encuestas de intención de voto y terminar barriendo prácticamente las otras alternativas. Si al comienzo era posible atribuir tanto apoyo a la figura de Sharón y al entusiasmo momentáneo por los pasos dramáticos en contraste con el prolongado estancamiento del mapa político local, a una infatuación con una figura de liderazgo “a lo antiguo”, al estilo de los padres fundadores, la estabilidad del apoyo a Kadima a más de un mes de la caída de Sharón en un coma profundo requiere explicaciones distintas.
Ante todo, conviene explicar que Kadima no es un partido político organizado: no tiene estructuras, ni plataforma ideológica. No tiene afiliados, ni elecciones internas, y su lista a los próximos comicios fue confeccionada por Sharón en base a sus preferencias e intuición. Nadie sabe cuáles son los resortes de poder internos ni si se confeccionan bloques de influencia. El criterio básico para entrar en Kadima fue pertenecer a alguno de los partidos políticos tradicionales, y abandonarlos declarando el apoyo personal a Ariel Sharón como líder de Israel.
El mote de “arca” se lo ganó Kadima por la forma en que fueron incorporándose las nuevas figuras: parejas de políticos de uno y otro lado del centro (para equilibrar), políticos que intuyeron que la marejada generada por Sharon arrasaría con sus antiguos partidos, y por lo tanto con sus futuros personales.
Es cierto que la apuesta se basaba ante todo en la popularidad de Sharón, y es dudoso que estas personas hubieran dado el gran salto de saber que éste enfermaría gravemente, pero el hecho principal es que aún sin Sharon, y con un líder gris como Olmert, Kadima mantiene su popularidad en las encuestas y los otros partidos aspirantes al gobierno obtienen en distintos sondeos sólo la mitad de escaños que ésta.
No deja de ser irónico que el partido que  acarrea la mayor intención de voto, fundamentada por los encuestados en su deseo de “algo nuevo”, sea una colección de políticos tradicionales que no han sido elegidos por ninguna instancia representativa, sino por su cercanía a Sharon, o por la evaluación que éste hiciera acerca de su contribución a la consolidación de un mosaico centrista.

Respecto a la parte programática, la situación no es distinta: la plataforma de Kadima es una colección de medidas intermedias entre Avodá y el Likud, buscando siempre la equidistancia. En términos del conflicto con los palestinos se buscará el diálogo y un acuerdo de paz negociado (Avoda) pero si éstos continúan con las actividades terroristas o no aceptan las exigencias israelíes no se negociará (Likud) y en definitiva Israel actuará en forma unilateral si no tiene una contraparte para la negociación (que suena “duro” pero es una figura que indica futuras retiradas unilaterales).
En términos sociales y económicos Kadima continuará con la política de fortalecimiento del mercado (atribuyéndose los logros del anterior gobierno, con Netanyahu como Ministro de Economía) pero será mucho más sensible a las capas débiles  (Avoda). En cuanto a gestión política se compromete a transparencia y honestidad (aunque la mayor parte de los escándalos y juicios a políticos tocan a figuras de su cúpula) y promoverá una constitución para el país (sin decir qué se dirá en ella, ni tener constitución partidaria propia), etcétera.
En resumidas cuentas: todo lo que está mal se hará bien, todo lo que había que haber hecho hace tiempo se hará ahora y la diferencia es que se hará al estilo de Sharón y no al estilo de los viejos partidos. Y si Sharón está en coma es igual: se comprometen a seguir su camino.
¿Cómo es que algo tan burdo obtiene un apoyo tan sostenido por parte del electorado israelí? La respuesta tiene una raíz de doble hartazgo: por una parte de las estructuras partidarias tradicionales, y por la otra de los palestinos.

Ruptura con el Likud

El cansancio del público israelí llegó a nuevos extremos luego que el Comité Central del Likud votara consistentemente en contra e intentara detener la retirada unilateral de Gaza, medida muy popular entre el público en general e incluso entre los votantes del Likud. El fenómeno de que candidatos de poco nivel fueran promovidos solamente por su disposición a actuar según los dictámenes de grupos de miembros de dicho Comité Central y los fenómenos de corrupción generados por el afán de ganar votos en dicho organismo llevaron a personificar en éste todos los males de la clase política israelí. Esto se unió a la prolongada percepción de que la fragmentación y las eternas luchas intestinas en el laborismo lo llevaron a la irrelevancia y a la imposibilidad de generar un liderazgo atractivo en el electorado, y de que Amir Peretz ganara el control de Avoda gracias al aparato de la central obrera (Histadrut) que no goza precisamente de simpatías del amplio público.
Como broche final, Shinui, el partido de centro por definición, se desintegró luego de que activistas de segunda línea lograran desplazar de la lista a las próximas elecciones a sus pupulares figuras públicas.
En una reciente encuesta de opinión, sólo el 17% del público manifestó conformidad con la clase política en general, y un 55% una manifiesta disconformidad. Kadima se percibe como el “anti-aparatismo”, y ésta es una de las claves de su popularidad.
Respecto a los palestinos, la sorpresiva victoria de Hamás en las elecciones parlamentarias fortalece la sensación de que “no hay con quien hablar”. En estas circunstancias, y cansados del continuo desgaste del conflicto, y del costo exorbitante de los asentamientos y su defensa, el público parece apoyar masivamente la línea iniciada por Sharón y proclamada por Olmert, de mas desconexiones unilaterales. Frente a las alternativas: por una parte Netanyahu y la extrema derecha cuya política implica un aumento de los choques y el continuado apoyo a los asentamientos, y por otra Peretz y la izquierda que promueven un diálogo sin interlocutor aparente, el pragmatismo y uni-lateralismo de Kadima aparecen como la única opción para salir del estancamiento. Dicho sea de paso, esta política es correspondida por la línea de Hamás de desconexión de Israel sin diálogo ni acuerdo.

Conclusión

Kadima presenta una colección de políticos pragmáticos cuyo principal común denominador ha sido escapar de sus aparatos partidarios, una plataforma electoral basada en una serie de medidas y compromisos sin trasfondo ideológico, y una figura central cuya tragedia
personal ha servido para eliminar la discusión acerca de su trayectoria, polémica en todos los aspectos, y  transformarlo en un paternalista benefactor de la nación.
Si esto es suficiente para gobernar, o para ponerlo en el contexto de la metáfora que utilizamos de título: ¿qué pasará cuando las aguas retornen a su cauce y haya que enfrentarse a la desgastante realidad cotidiana? No parece preocupar a muchos.
Mito o realidad, el elector parece haber tomado su decisión.

 

 

a Dossier: Próximas elecciones en Israel

Avodá presenta una nuevo rostro político

 Por Alberto Mazor (Desde Israel)  A

                                                                                                  

El 2005 que se fue nos dejó un nuevo "peso pesado" muy especial en la nueva escena política israelí; el sindicalista y ex líder de la Histadrut,  Amir Peretz.
Durante todo en año pasado y al sonar del Shofar, paró por huelgas todo lo que se movía: los puertos, los ferrocarriles, las universidades, las escuelas, los hospitales, las municipalidades, el tráfico y hasta los aviones en los que tenían que viajar los equipos de fútbol y basket israelíes para competir en el exterior del país.

Consiguió lo que "nadie había logrado antes": ganarle las elecciones a Shimón Peres en las primarias del laborismo. Peres volvió a demostrar, después de seis campañas electorales consecutivas, que si corre una carrera solo, sale segundo.
Según las recientes encuestas populares, Amir Peretz es como el arroz con leche, o te encanta o te repugna; casi no hay términos medios. Lo que nadie le podrá negar es que sin ser general del ejército, ni profesor, ni ashkenazí, ni intelectual y con un inglés digno de la Pacha Mama, puso a la orden del día la delicada situación social y económica del país.
El sorpresivo éxito de Amir Peretz tiene más de una faceta sorprendente; su inesperado triunfo pone en el primer plano de la escena política a alguien con características peculiares que configuran una imagen absolutamente alejada de la de los políticos tradicionales de Israel.
No todos se sienten cómodos frente a él, y son bastantes los que lo ven como una amenaza. Para muchos esa incomodidad surge del cambio que puede producir su acérrima lucha en favor de los derechos de los trabajadores. Los últimos años de la política israelí no tuvieron en su agenda la cuestión social, y la clase trabajadora fue espectadora de un desarrollo económico que daba por supuesta su paciencia y su capacidad de resignación frente a las realidades del neoliberalismo.
Para otros, es su discurso directo y su personalidad conflictiva lo que viene a incomodarlos; Amir Peretz viene a explayarse con cierta insolencia bonachona que los descoloca o los indigna.
Para algunos más, será su posición más de izquierda, la que lo acerca al Partido Meretz, un anuncio de futuras modificaciones en la agenda no sólo económica sino política y de seguridad.
Pero más allá de los temores anticipados, la verdadera – y no desdeñable – revolución que surge de este sindicalista es que el laborismo israelí, que durante tanto tiempo fue gobernado por una elite mayoritariamente ashkenazí, repentinamente se ve en manos de un marroquí de la periferia, específicamente de la castigada ciudad de Sderot.
La pregunta que debe hacerse, descontando el ingrediente que algunos pueden llamar sectorial, es de que forma y a que precio permitirán estas elites enclaustradas en el poder económico israelí y acostumbradas a tener la sartén por el mango, que un personaje como Peretz pueda liderar un territorio que hasta ahora siempre fue propiedad casi exclusiva de una mayoría ashkenazí o europea.
A pesar del discurso ideológico igualitario del laborismo, que proclama un compromiso social y un paso hacia la concreción de la paz, el partido Avodá nunca hasta ahora había reconocido líderes que no fueran ashkenazim, excepto el conocido ex Ministro de Seguridad Benyamín Ben Eliezer, de ascendencia iraquí, que fue inmediatamente relevado por "la nueva figurita entonces naciente", el ex alcalde de la ciudad de Haifa, el general retirado Amram Mitzna, que como un rayo, vino, deslumbró, anunció el trueno, desapareció y dejó todo deshecho después del huracán.
Peretz apostó por una agenda primordialmente socio-económica. Inmediatamente después de su elección, al cierre del 2005, el Seguro Social de Israel publicó el informe anual sobre el estado de la pobreza, presentando una situación verdaderamente caótica de la sociedad israelí donde, entre otros datos alarmantes, uno de cada tres niños es considerado pobre.
Los sondeos en un principio favorecieron al laborismo. El problema es que en este rincón del Oriente Medio lo más imprevisible hoy se convierte en lo más real al otro día.
La hospitalización de Sharon, el cual tenía a la gran mayoría de la población acostumbrada a que el tema "seguridad" estaba controlado, su desaparición de la vida política, el triunfo de Hamas en las elecciones palestinas, la carrera armamentista nuclear de Irán y la más que violenta reacción islámica contra Occidente, como consecuencia de las caricaturas de Mahoma, determinaron que la ciudadanía, preocupada, abandone la prioridad socio-económica y vuelva a sostener el tema de seguridad como el principal a tratar en la campaña electoral.
En este ambiente de tensión y preocupación por la seguridad del Estado, es muy difícil para Peretz poner a la orden del día temas acuciantes como el del salario mínimo vital y móvil, el estado de la educación, de la salud pública, de las jubilaciones o cualquier tipo de debate sobre reformas sociales.
El panorama se presenta muy complicado para Peretz; los diputados laboristas Shimón Peres, Dalia Itzik y Jaim Ramón, resentidos por su elección, "emigraron" a los terrenos de Ehud Olmert en el nuevo partido Kadima fundado por Sharon. El ex Primer Ministro, Ehud Barak y sus allegados, hacen lo imposible para desprestigiarlo.
No obstante, el nuevo Secretario General del laborismo supo atraer a sus filas a gente muy bien catalogada en la sociedad israelí, como el ex jefe de los servicios de seguridad (Shin Bet) Ami Ayalón, el profesor Avishai Braverman, economista de renombre mundial, actual presidente de la Universidad Ben Gurión y la enérgica periodista Sheli Iejimowitz, entre otros.
La apertura de Avodá, hacia el diálogo palestino llamando hermanos a nuestros vecinos nos hace preguntar si habrá, de la misma forma, un acercamiento hacia sectores marginados de la periferia a los que hace tanto tiempo no se les había dado lugar en el espectro político progresista.
Este espacio de diálogo con las capas populares es el que hasta ahora había ocupado el partido ortodoxo sefaradí Shás, cuyo discurso de una línea identificada por una concreta propuesta social y arraigado en las formas tradicionales de la religión había encontrado un muy propicio caldo de cultivo entre esos sectores.
Avodá, un partido que pretende ser el abanderado de la igualdad social y de la lucha por la paz, deberá ahora pasar la más grande de las pruebas, demostrar que puede realmente pagar una deuda histórica y social e integrar en sus filas a sus hermanos "de otro color" que de la mano de Peretz quieren llegar al poder. 

 

-Recuadro-

 Principales puntos de la plataforma de Avodá:

Estado judío- democrático:
*Salvaguardar la identidad judía en Israel y en las diásporas.
*Fortalecer las bases del sistema democrático, del Parlamento y de las leyes.
Economía y sociedad:
*Fortalecimiento del proceso de desarrollo y crecimiento económico promoviendo una repartición más justa de la riqueza.
*Reducción del desempleo, aumento del salario mínimo, accionar de forma efectiva las leyes laborales, reducción de las diferencias sociales en los salarios, en la educación y en el nivel de la vivienda.
*Promoción de una ley de jubilación obligatoria y aumento de las rentas a la tercera edad.
*Desarrollo de la infraestructura nacional; creación de nuevos lugares de trabajo y promoción de pequeños y medianos emprendimientos.
Politica exterior y de seguridad:
*Renovación de las negociaciones de paz.
*Prioridad en la lucha contra la violencia y el terrorismo.
*Conclusión de las obras del muro de seguridad en un año.
*Salvaguardar la supremacía militar de Israel en la zona.
*En caso de no haber negociaciones, Israel ejecutará acciones unilaterales que aseguren sus intereses de seguridad y políticos.
*Las negociaciones se llevarán a cabo bajo el principio de dos Estados para dos pueblos y se determinarán las fronteras definitivas.
*Anexión de los grandes núcleos de asentamientos; todos los demás asentamientos serán evacuados.
*Jerusalem, con todos sus barrios judíos, será la capital del Estado. Los Lugares Santos del pueblo judío quedarán bajo gobierno israelí.
*Finalización de las inversiones en los territorios ocupados.
Educación y cultura:
*Promoción de una reforma que otorgue educación humanista, democrática, tecnológica, gratuita y de calidad a todos los niños de todas las capas sociales y
eleve el nivel social, económico y cultural del docente, situándolo entre una de las prioridades inmediatas del Estado.
Educación académica y tecnología:
*Todos los jóvenes, de todas las capas sociales, tendrán acceso a las universidades.
*Fortalecimiento de la enseñanza universitaria, la investigación académica y la autonomía de las universidades.
Estado y religión:
*Separación de la política de la religión.
*Promoción y fortalecimiento de la identidad judía.
*Libertad de credos y de pensamiento.
*Libertad de tránsito a los Lugares Santos de todas las religiones.
Aliá y absorción:
*Prioridad especial en promover la Aliá y la ocupación inmediata de los nuevos Olim.
*Promoción del acceso de nuevos Olim en la dirección e influencia de la sociedad.

 

 

a Dossier: Elecciones generales en Israel

Avodá presenta una nuevo rostro político

Por Ezequiel Finkelberg (Desde Jerusalem, Israel) A


Sin lugar a dudas estamos frente a unas elecciones singulares en Israel. No debido a la cantidad de partidos políticos (31) la mayoría de los cuales no alcanzará un solo escaño, sino por los cambios estrepitosos a que se han sucedido en los últimos meses.

El Likud por ejemplo, habiendo triunfado con 40 escaños en las últimas elecciones, se escindió y un grupo creó el movimiento Kadima. ¿La consecuencia? Israel está conducido hoy por una política contraria a la decisión democrática de la población. El reemplazante de Ariel Sharon como Primer Ministro es Ehud Olmert, un político de segunda línea que sólo alcanzó el puesto número nueve en la lista original de su ex partido.
El Laborismo por su parte, relegó una vez más a Shimón Peres a su tradicional segundo puesto y éste abandonó definitivamente el partido. Quien lo reemplazó es Amir Peretz, quien funciona de manera paralela como el líder de la Histadrut  (Central Obrera Israelí).
Shinui, el partido de anti-ultra-ortodoxo llegó a convertirse en la tercer fuerza de la Kneset (16 escaños). En las últimas elecciones internas, los mentores del partido (Avraham Poraz y Tommy Lapid) fueron desplazados de sus asientos. Poraz y Lapid se apresuraron a crear un nuevo movimiento político (“Jetz”). Se prevee que ni éste ni Shinui alcancen un sólo escaño en el Congreso.
Sus rivales, los ultraortodoxos ashkenazies “Deguel Hatorá” y “Agudat Israel”, escindidos como consecuencia de la expulsión de judíos de Gaza, se reagruparon.
Si de coaliciones se trata, Mafdal (tradicional partido de derecha religioso) y Unión Nacional (alianza de pequeños partidos de derecha tanto religiosos como laicos) correrán juntos bajo este último nombre. Se calcula que así podrían duplicar su número de diputados.
Antes de que la alianza entre los dos movimientos se concretara, Unión Nacional perdió en el camino a uno de sus integrantes: Israel Beiteinu. Hoy, se presenta a las elecciones conducida por Avigdor Liberman quien se calcula alcanzará 10 escaños.
Los datos deben ser tomados con cautela. Una investigación del Canal 10 de la televisión israelí descubrió con una cámara oculta cómo los encuestadotes “fabrican” los resultados desde el mismo momento en que conforman las fichas.
Si sumamos a esto que la prensa de mayor tirada se ha enlistado (una vez más) a favor de la izquierda, deberá esperarse a los resultados finales a fin de tener una imagen más certera de la situación post-elecciones.
Con todo, algo es seguro: en Israel se han desdibujado las diferencias entre los partidos tradicionales.
El Laborismo, que fracasó en las últimas elecciones luego de conducir al país  a una guerra terrorista mientras prometía paz y un “nuevo Medio Oriente” cambió de rumbo. Hoy día su programa se concentra en la situación socio-económica buscando cosechar las consecuencias de una política liberal errónea conducida por el Likud.
Uno de los triunfos que puede adjudicarse al Laborismo es corresponderse con sus ideales. La presente lista de diputados fue votada democráticamente por los miembros del partido. El segundo de los éxitos es haber convencido al Likud en convertirse en otro partido de izquierda y aceptar la antigua política de Itzjak Rabin. Si el laborismo y el Likud  están dispuestos a entregar territorios de la histórica Israel a cambio de dudosos acuerdos de paz, el Kadima de Ehud Olmert está dispuesto a entregarlo todo de manera unilateral. Lo que lo convierte en el primer partido israelí exitoso de extrema izquierda.
Postmodernismo político
Kadima es el mejor ejemplo del postmodernismo israelí. Sin una plataforma base, sin haber llamado a elecciones internas (ya que tiene más candidatos que afiliados) se postula como uno de los favoritos.
Religiosos y laicos, ex miembros del laborismo, del Likud y de Unión Nacional y un no despreciable porcentaje de acusados de corrupción conforman la amalgama llamada Kadima.
La agrupación “Académicos por un Israel Fuerte” atacó la política del partido desde otro ángulo. Sobre lo que Olmert promete para 250 mil judíos israelíes y el aporte económico que realizó a la Autoridad Palestina de Hamas “desconectan a Israel de la guerra contra el terrorismo y lo transforman en un padrino del mismo .
Ofir Pines, diputado laborista explicó a Radio Israel que “primero dijeron que no, luego dijeron sí, y luego algo en el medio.... No se trata que Olmert y sus colegas sean precipitados. Es que se encuentran tan divididos entre sí que cada uno tiene ideas propias” .
Esta verdadera “era del vacío”alcanza al propio programa del partido. Los mismos políticos que diagramaron la destrucción de Gush Katif y el Norte de Samaria afirman sin sonrojarse que “el pueblo judío tiene derecho nacional a toda la tierra de Israel” .
La falta de una plataforma los ha movilizado en la búsqueda de soluciones poco serias como instar a los internautas a que escriban “on line” las leyes que quieren sean votadas . Otra vez, la consecuencia es una política de extrema izquierda.
Los consejeros de imagen han recomendado a Olmert que minimice sus apariciones en los medios. La razón es clara: nunca un partido político israelí ha logrado acceder al poder afirmando que destruirá más de 200 poblaciones judías en los territorios en disputa.  Aún peor, ninguno de los últimos cinco Primer Ministros que aplicaron
políticas más izquierdistas que aquellas que le prometieron al público logró completar su mandato.
Bajo este manto de indefiniciones no hay que desesperar. Si se atiende cuidadosamente las diferencias presentadas puede intuirse un gran acuerdo entre los partidos. Todos sostienen que la solución a la guerra que los árabes impusieron al pueblo judío debe basarse en la fórmula “ellos allá y nosotros acá”.
Sólo un detalle queda por resolver. Definir qué significa “acá”, dónde queda “allá” y cuanto de “aquello” puede quedar “dentro nuestro”.

*Director del portal: www.malasnoticias.com.ar
 

 

 

aDossier: Elecciones generales en Israel

La corrupción desafiada

Especial de Infolive TV*A

 

Las próximas elecciones en Israel serán definidas entre tres bloques principales: Likud – derecha-, Kadima –centro- y el Laborismo –izquierda-.  Y el principal desafió es demostrar capacidad para formar una coalición de gobierno sustentable.

 

Por supuesto, cuando la gente vota en elecciones libres -y nadie puede negar que las elecciones israelíes son realmente libres- nunca se sabe a ciencia cierta por qué vota de esta forma uotra. En el sistema de representación proporcional absoluta de Israel hay quizás más chances de entender las tendencias. 50.000 es el número estimado de votos necesarios para que un partido pase el umbral de 2% del voto popular para acceder a una banca en la Kneset. Cuando 50.000 personas votan por un partido de un sólo tema -religioso ortodoxo, nacionalismo de línea dura, paz a toda costa, o para mejorar el status de los beduinos o los pensionados- entonces se sabe de verdad qué les preocupa y por qué han votado de esa particular forma.
El discernimiento de las intenciones del voto se hace más problemático cuando se trata de los partidos grandes. Las próximas elecciones serán definidas por tres bloques principales: Likud en la derecha, Kadima en el Centro y el Laborismo en la izquierda, todos compitiendo por la preeminencia para ser capaces de formar una coalición con uno de los otros, o para ver quizás cuál de estos tres grandes partidos podrá ser capaz de formar gobierno con sólo la ayuda de los partidos más pequeños.
Cuando Amir Péretz, el líder de la Central Sindical, fue elegido para encabezar el Partido Laborista, el foco central estaba puesto en ver si esta elección mostraría un corrimiento de las preocupaciones tradicionales respecto a temas de seguridad y paz hacia las condiciones sociales y económicas.
Pero Ariel Sharón hace poco que lideró a los israelíes en la salida de Gaza y ahora el futuro de Cisjordania está bien instalado en la agenda. Con el hecho de que Hamás haya triunfado en las elecciones palestinas del mes último simplemente no había posibilidad de que el asunto seguridad y cómo traer, por lo menos, quietud a las relaciones entre Israel y los palestinos, no estuviera nuevamente en el centro de la escena.
La agenda social todavía sobrevuela, pero han tenido lugar dos desarrollos interesantes en esta campaña electoral que parecieran que lo marcan mucho más.
Primero la corrupción en altas esferas. En sus primeros 30 años Israel fue gobernado por el movimiento laborista. En 1977 cuando la gran revuelta sobrevino, y el firmamento político del país se transformó en un asunto dominado por un Likud de derecha, el slogan que realmente echó al Laborismo fue: “estamos cansados de vuestra corrupción”.
El Laborismo comenzó esta campaña tratando de poner en el banquillo al Likud pero especialmente al nuevo partido Kadima respecto al asunto de la corrupción. Es algo que fue perdiendo apoyo. Cuando los votantes fueron preguntados en una encuesta reciente que asunto influiría más en su sufragio, un tercio respondió cuestiones de política y seguridad; otro 27% dijo cuestiones socio-económicas, educación vino en tercer lugar con 16% y lo que fue denominado “corrupción e integridad” apareció abajo en cuarto lugar con sólo el 10% de los votantes diciendo que era su prioridad máxima.
Los encuestadores tienen una explicación interesante: no es que piensen que los políticos sean todos limpios por completo. Pero aparentemente cuando se trata de la integridad de los partidos por los que se les solicita que voten, el electorado realmente cree que el establishment político está en proceso de ser limpiado.
Algo más está, sin embargo, cambiando mucho.
Lo que Ariel Sharón hizo luego de Gaza redefiniendo el mapa político al dejar el Likud y crear Kadima fue nada menos que un “big-bang” político. Se podría decir incluso que su alcance es tan amplio como la revolución que él causó en los ‘70 cuando primero forjó el Likud y comenzó a ofrecer a los votantes israelíes una opción real entre izquierda y derecha en su política.
Pero ahora, la política israelí ha empezado a dejar a Ariel Sharon detrás. Hay una nueva política revigorizada en su lugar, un sistema que ha roto muchas de las cadenas ideológicas del pasado y divisiones artificiales están reemplazando slogans huecos con algo que podríamos llamar “hablar claro”, sin ambigüedad.
Luego del dramático retiro de Gaza, Ariel Sharón se envolvió en un mar de vaguedades sobre cuán lejos intentaba hacer de los retiros unilaterales un modelo para “fijar las fronteras permanentes de Israel” también en Cisjordania.
“El establecimiento de fronteras permanentes” es de hecho una promesa de su sucesor Ehud Olmert,  quien muestra nada de la reticencia de Sharon. Esta semana, el Primer Ministro en ejercicio develó públicamente la aplicación del modelo de dos componentes de Sharón -retiro y unilateralismo- también en Cisjordania.
Olmert ha puesto sus cartas sobre la mesa, de forma contundente - quiere una nueva línea que separe a los israelíes de los palestinos, de difundir la nueva frontera y reubicar al menos un cuarto (60.000 personas) de los 250.000 colonos israelíes que residen en Cisjordania.
Pareciera ser un abordaje ganador porque es mucho menos ambiguo que la posición base del Laborismo de Péretz, quien está comprometido a asegurar un acuerdo rápidamente negociado con los palestinos, o lo propuesto por Bibi Netaniahu desde la derecha (Likud) con su slogan “Firme contra Hamas”.
Ami Ayalón es el ex jefe de la marina israelí, y también jefe del servicio de seguridad Shin Bet. Candidato laborista y uno de los espíritus más aventureros que viene a refrescar el panorama político, en una entrevista reciente dijo cosas coherentes, entre ellas:
“Por décadas”, “hemos creído que la falta de claridad nos ayuda a resolver problemas. Creímos que la ambigüedad era creativa. Pero en Medio Oriente no lo es. Ese fue un error del proceso de paz de Oslo. Ese también fue el error del hombre que lideró a Israel en los últimos cinco años. Debemos entender que la ambigüedad engendra violencia -violencia desde fuera pero también desde adentro”. Y concluye: “Debemos disipar la niebla, desechar la niebla -debemos decirnos la verdad a nosotros mismos, incluso si la verdad es dolorosa”.
Con un pensamiento como éste al frente de la campaña electoral, y con posibilidades de influir en su resultado, con el asunto de la corrupción bien en el foco, como el columnista veterano Yoel Marcus dijo: “al menos Israel nunca fue, ni nunca será una república bananera”.
El novelista E.M. Forster hubiera dicho “dos brindis por la democracia”. Con semejante sistema político vívido y tumultuoso, Israel tiene el derecho a solicitar dos y medio, o quizás dos y un cuarto, brindis por su democracia.
*Fuente: www.wzo.org.il/es

 

 



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