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a La Génesis del Integrismo Islamista o Fundamentalismo islámico

Por Lic. Erwin Viera (Desde Buenos Aires)A

La génesis del islamismo, como movimiento religioso-político está estrechamente emparentada con el derrumbamiento del Imperio Otomano y la abolición del califato por Kemal Ataturk. En la década del 20’ Hassan Al Bana creo los Hermanos Musulmanes, con el objetivo de poder aglutinar al mundo musulmán, a la comunidad transnacional musulmana (umma), comenzando esto a tomar preponderancia política-social. Pero el reavivamiento del Islam como forma política superadora de todos los males será enmarcado en dos sucesos indelebles para el mundo islámico: el primero es la revolución islámica iraní (1979), y el segundo es la resistencia afgana contra la invasión de las tropas soviéticas (1979). Es en este segundo suceso de extrema importancia donde los Estados Unidos, con el imprescindible apoyo otorgado por la República Islámica de Pakistán y Arabia Saudita, países profundamente islámicos (conservadores y tradicionalistas) de población mayoritariamente sunni, querían no sólo expulsar al “invasor rojo y ateo” sino también, contrabalancear el poder y la influencia que estaba teniendo la revolución iraní, liderada por el Ayatolá Komeini. Por otra parte, esos dos hechos, se dieron en forma casi simultánea, lo que generó un sentimiento triunfalista en el mundo musulmán.

Muslim Brotherhood Society: La génesis del descontento
Los movimientos islamitas, que tuvieron su origen en la década del 20, tras las sucesivas transformaciones que iban aconteciendo tanto en el Medio Oriente, como en el Norte de África, sentían que se había perdido ese sentimiento de una umma unificada, atribuyendo esa pérdida a Occidente. Asimismo se daba la conformación de nuevos estados árabes, que a excepción de Egipto e Irán, no se conocían hasta entonces (caso Irak, el Líbano, Siria, Arabia Saudita y Jordania), percibiéndose que la instauración de los nacientes estados árabes eran un artificio de las potencias occidentales (Francia e Inglaterra) bajo el lema de “divide e impera”. A su vez estos nuevos estados basaban su organización político jurídico en una “modernidad exógena” que se reflejaba en un constitucionalismo, un aparato administrativo burocrático, división de poderes, territorios delimitados, un estado de derecho que suscitaban diversas reacciones dentro del mundo árabe.
Hubo dos tipos de reacciones nacionalistas árabes, una de índole secular, y otra de índole religiosa. En esta última podremos hallar el semillero de los movimientos islamitas integristas. Según varios expertos en la materia, es necesario realizar una distinción entre el concepto de “islamismo” y “fundamentalismo”, el primero concierne a los movimientos y partidos políticos que tienen al Islam como base de un ideología política, mientras que el “fundamentalismo” es un movimiento teológico que surgió en Egipto a comienzos de siglo, que quería volver a los fundamentos del Islam, pero sólo a sus textos sagrados.
Es aquí en donde entran en juego los Hermanos o Hermandad Musulmanes (Muslim Brotherhood Society de la mano de su fundador, el egipcio Hassan al-Banna (1906-1949). Esta organización, en la actualidad, sigue siendo la mayor organización fundamentalista mundial cuyo principal eje fue el de mixturar las ideas políticas con las religiosas, ya que desde su concepción ideológica toma una dimensión supranacional por el apoyo de la confrontación de musulmanes, por un lado, contra los judíos y sus protectores cristianos, por el otro, la causa palestina y el sitio de Jerusalem cobra una relevancia política central. Será desde la Hermandad o Hermanos Musulmanes que la cuestión palestina cobrará importancia en la “umma”, transformando un movimiento interno (egipcio) en una realidad islámica global. La continua y activa propaganda a favor de la causa palestina, constituyó la base del éxito obtenido por el movimiento en los años 1935-1945. Con los esfuerzos concentrados alrededor de la cuestión palestina, la Hermandad Musulmana renovará su legitimidad y cooptará nuevos adherentes a la causa. Durante los años 1940-1950, la Hermandad Musulmana (rama fundamentalista), hegemonizará el reclamo por la “liberación de Palestina”. A medida que se fue radicalizando cada día más, sufrió prohibiciones, como en 1954, en donde el entonces presidente egipcio Gamel Abdel Nasser (en cuya juventud había militado en HM), decidió prohibirla, demostrando un claro conflicto de interés entre los nacionalistas árabes y los fundamentalistas. A partir de este suceso, se producirá una discusión interna en el movimiento de HM; se conformarán dos líneas, una de ellas denominada “ neo-tradicionalista”, cuya vía de acción política era la no violencia, y predicaba una “ islamización desde las bases de la sociedad, para luego llegar al poder, y otra línea “ radical”, que reclamaba una “islamización” desde arriba, una vez conquistado el poder, sin importar los medios para alcanzarlo, sin descartar el uso de la violencia ni tampoco la acción terrorista si fuera necesario.
Si bien durante un tiempo, la corriente menos radicalizada, y más tradicionalista, apuesta por la construcción de una sociedad islamizada (1957), dos años después se produce una fractura en el interior de la HM, como consecuencia de una búsqueda de cambio hacia la causa palestina, de ahí que en 1958-1959, la facción radicalizada se unirá al movimiento Al-Fatah (movimiento laico), encabezado por Yassir Arafat.
En 1987, se producirá el levantamiento palestino, más conocido como “Intifada”, en donde Hamas cobrará vida. Y es allí, precisamente, cuando la Hermandad Musulmana decide que la línea “neotradicionalista” ha llegado a su fin, para pasar a la acción radical, acción que Hamas llevará a cabo hasta la fecha, negándose a reconocer al Estado de Israel como un participante legitimo.

En el nombre de Alá: La revolución islámica iraní y la guerra de Afganistán
El año 1979 puede ser considerado una bisagra para el mundo musulmán, en especial, para los integristas islámicos, que vieron que sus sueños de redención y sus ansias de revancha contra Occidente comenzaban a dar sus frutos. El primer evento de resignificación histórica fue la llegada de los ayatolas al poder en Irán, con el derrocamiento del entonces Sha Reza Pahlevi y la instauración de la Republica Islámica de Irán, que acto seguido, refiere al mundo su profundo rencor antioccidental, su acendrado odio hacia al “Gran Satán” (Estados Unidos) y su permanente negación del Estado de Israel (“pequeño Satán”).
Una vez asumido un gobierno teocrático en Irán, en donde todo estaba regido por la sharia (ley coránica), los ayatolas pretendieron exportar su modelo de gobierno, hacia aquellos países musulmanes que contaban con poblaciones chiítas, tales como Líbano e Irak, entre otros países. De ahí, la intromisión en la guerra civil libanesa, cuando se envío un millar de pasdaranes (guardianes de la revolución iraní) que ayudaron a conformar la milicia libanesa chiíta (Hezbolla) para que fueran una fuerza que pudiera imponerse en suelo libanés y ser una réplica del gobierno iraní en ese país.
Por otro lado en Asia, en un contexto de reavivamiento del conflicto bipolar de la Guerra Fría, los soviéticos invaden Afganistán, lo que motiva el movimiento de resistencia afgana, conformándose el ejército de los mujahidines, que si bien fueron entrenados por la CIA, también recibieron armas, dinero y apoyo logístico tanto de Pakistán y de Arabia Saudita, esta última temerosa tanto por la presencia amenazante de los soviéticos en una zona altamente estratégica, como por el prestigio que estaba tomando en el mundo musulmán la llegada de la revolución islámica de Irán, que aunque chiíta, no dejaba de despertar admiración en la población sunnita mundial. Paradójicamente, tanto Pakistán como Arabia Saudita, aliados estratégicos de los Estados Unidos, representaban la visión del Islam ultraorodoxo y ultra conservador que frenaban la modernización y el cambio social.
La guerra de Afganistán sirvió para reclutar en el mundo entero, voluntarios que se sumaron a la Yihad (guerra santa) contra el imperio comunista desde Yemen y Mauritania, pasando por Argelia, Egipto, Arabia Saudita y Pakistán, entre otros países, mediante las organizaciones caritativas musulmanas.
La victoria de los mujahidines ante el segundo ejército más poderoso del mundo, sirvió como estimulante para iniciar la Jihad a nivel global, emprender la guerra santa en todo el mundo, y de ahí que los combatientes en Afganistán (luego llamados “afgani”) se marcharan finalizado el conflicto hacia Bosnia, Chechenia, Argelia, Cachemira, Filipinas, Kosovo, Pakistán, Sudán y Arabia Saudita en pos de la realización de la Jihad mundial. Estas respectivas Jihad, si bien en su gran mayoría desarrolladas en países gobernados por musulmanes, eran considerados impías y apóstatas por haberse alejado de los preceptos fundamentales de la ley coránica (sharia). Entre estos “afgani”, conformados en siete clanes tribales, estaba el actualmente celebérrimo Osama Bin Laden, quien al sentirse victorioso ante el gigante soviético, comenzó a volcar su antagonismo hacia su otrora aliado en su lucha en Afganistán, los Estados Unidos.

Auge del fundamentalismo islámico:
Con el paso del tiempo, y el empeoramiento de las condiciones sociales, políticas y económicas, y el explosivo crecimiento demográfico en varios de los países musulmanes, se instala, para decirlo de algún modo, una “cierta atmósfera islámica”, en donde los más diversos grupos sociales, políticos y culturales de una vasta mayoría islámica, comienzan a ganar poder y prestigio, en la sociedad civil en detrimento de un estado ineficaz y corrupto. Conviene mencionar, que el prestigio ganado por las diversas organizaciones islamistas como Hamas y el Hezbolla, se debe a su incesante trabajo socio-cultural, y a su eficacia en responder a necesidades que los gobiernos no podían satisfacer, en especial, en épocas de crisis.
Para algunos estudiosos del terrorismo islámico, las redes de contención social que trata de conectar a las demás comunidades islámicas dispersas en el mundo, principalmente en Estados Unidos y Europa, han servido en varias oportunidades, para refugiar, consciente o inconscientemente a terroristas, o han amparado células dormidas. A su vez, con la construcción de una infraestructura de cobertura social, política y cultural, también han servido de apoyo para la recolección de fondos, apoyo político, y hasta en algunos casos, para reclutar nuevos militantes islamitas.

La Jihad no conoce fronteras:
Según lo estudiado por diversos especialistas en el tema, se está en presencia de un nuevo fenómeno, de doble arista, que se está desarrollando para sentar nuevas bases para el accionar de los islamitas integristas como así también para la violencia política., ya que este nuevo desarrollo ideológico se desenvuelve en el interior de las sociedades occidentales, muy especialmente, en aquellos países que luchan abiertamente contra el terrorismo islamita, caso Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania e Italia.
El analista internacional, Dr. Reuven Paz sostiene que “estaríamos asistiendo al asentamiento de nuevas bases ideológicas de los movimientos y grupos radicalizados islamitas, cuyo primer y más concreto signo de este nuevo desarrollo, es la doctrina de que hay que globalizar la lucha islamita, ya que se observa (según los promotores de esta idea), una conspiración mundial u occidental en contra del Islam, tanto a nivel religioso como político-cultural”. Otro punto a considerar que se puede inferir del comportamiento de los movimientos islamistas es la “no existencia de un estado territorial (Non-territorial state)”. La idea central recae en el principio de creer que las comunidades de musulmanes residentes en las sociedades occidentales deberían percibir una cierta clase de Estado Islámico, en cierta manera el establecimiento de una especie de califato al que, sin importar las dimensiones o demarcaciones territoriales, los miembros de la umma tendrían que adherir, basándose en los deberes y derechos que prescribe la ley islámica. El concepto de Estado-Nación carecería en este caso, de toda lógica, ya que esto implicaría un delimitamiento de su área de funcionamiento, mientras que para la umma de fieles, no hay límites territoriales, la ley coránica es universal, no particular. Estas tesis están siendo sostenidas por los trabajos realizados por los estudiantes universitarios islámicos en el Reino Unido. La percepción de éstos es que hay que enfatizar los aspectos socio-culturales, y económicos del Islam.
El desarrollo de estás dos nuevas corrientes, la de la globalizar la lucha islamita contra occidente, y la noción de que el Estado Islámico no posee fronteras, podría resultar que al interior de las comunidades musulmanes en Europa o Estados Unidos, o mismo en América Latina, se convirtieran en salvoconductos a los militantes islamitas radicalizados, y en el peor de los escenarios, en donde las células dormidas podrían perpetuar nuevos y más violentos ataques hacia el “ Gran Satán” ( Estados Unidos, según lo definido por el poder religioso iraní), o hacia cualquier objetivo occidental.

Conclusión
Algunos teóricos tratan de vincular el conflicto de Estados Unidos en Irak, con la reciente ola de atentados en Londres y Madrid, o con el conflicto de Medio Oriente, aunque de esta manera se estaría observando el fenómeno desde una óptica miope y distorsionada. Si nos remitimos a la génesis de los movimientos islamistas luego de este pormenorizado análisis, podríamos inferir que los militantes integristas, tratan de justificar el terrorismo ante las masas con el antagonismo del “Gran Satán”, pero en realidad estos movimientos han cobijado facciones violentas. Estos cabría analizarlos mas bien desde la lógica de una Jihad global, en donde no hay fronteras, y en donde las respectivas comunidades musulmanas se deben plegar a las leyes coránicas por encima de las leyes positivas que rigen los diversos Estados-Naciones del mundo.
La lógica de la guerra de Irak, no explica los atentados registrados en Bali (200 muertos), en Yakarta, en Turquía (país que no ha participado en conflicto bélico de Irak), el atentado en Marruecos (una veintena de muertos) o en los países profundamente musulmanes, como Arabia Saudita, Jordania y Pakistán. De modo que el conflicto en Irak, el conflicto árabe-israelí, la ley sobre laicicidad en las escuelas francesas, o incluso la película del asesinado Theo Van Goh sirven, ante todo, para tratar de justificar el terrorismo ante las masas, aunque no deben confundirse con sus verdaderas causas, como creen algunos políticos europeos, según dijo Gilles Kepel en una conferencia reciente en la Sorbona.
El terrorismo integrista viene azotando al mundo desde hace más de dos décadas. En los años ´80, el terrorismo de inspiración chiíta golpeó en varios países del orbe, tales como: Alemania, Líbano, España, Francia, Turbia; en los ´90 el terrorismo jihadista castigó la Argentina, Arabia Saudita, Argelia, Chechenia, Filipinas, Francia, España, Estados Unidos, Marruecos, Egipto, Israel, Pakistán, entre una docena o más de países afectados por la noción de la Jihad global.
Con el suficiente apoyo o la suficiente aquiescencia popular, las entidades que constituyen el movimiento jihadista global aspiran, a corto o medio plazo, a instaurar un régimen de índole neosalafista en el corazón mismo del mundo islámico, desde el cual avanzar en la recuperación de lo que consideran como esplendor perdido por el Islam y en la restauración de un califato panislámico según lo anticipado por el profeta Mahoma, que por cierto incluiría Al Andaluz.

 

 

a “En un mundo en búsqueda de identidad, el Islam es una lo suficientemente fuerte para muchísima gente”.

Por Damián Szvalb (Desde Buenos Aires)A

 

Fortunato Malimacci, sociólogo experto en catolicismo e investigador del Conicet y de la Universidad de Buenos Aires, analiza en esta entrevista los orígenes y la actual configuración del fundamentalismo subrayando lo inconveniente que resulta particularizarlo sólo en el Islam. Considera importante tener en cuenta los sucesos políticos, sociales y culturales que contextualizan la aparición de este fenómeno que se mantiene siempre latente.

¿Se puede hacer una cronología del fundamentalismo religioso, o es un fenómeno relativamente nuevo?
Nuevo no es. El tema son las palabras que se usan. Si uno quiere hablar de la radicalidad de los grupos religiosos es una cosa y si uno, a partir de ahí, quiere poner viejos fenómenos que suceden en determinados grupos religiosos y utilizarlos para cualquier situación que pase, es otra. Porque el fundamentalismo sólo se puede entender en un cierto contexto de protestantismo. Es decir que la palabra nace en un grupo de protestantes que está perplejo y enojado con lo que supone es la demasiada adaptación al mundo de las iglesias protestantes, sobre todo en EEUU. Ellos llaman a volver a los fundamentos del cristianismo a la lectura literal de la Biblia. Es por esto que ellos mismos, orgullosamente dicen, que para diferenciarse del resto, van a ser de ahora en más, fundamentalistas. Es decir, no aceptan una transición o un acomodamiento a la sociedad.

¿Esta negación a los cambios varía mucho entre las religiones monoteístas?
En el cristianismo esto no es novedad porque cada tanto hay movimientos de reforma que piden volver a las fuentes. En ese caso era volver a una fuente no por la tradición, no por las costumbres, no por la institución sino por la vía del libro. Es decir que el fundamentalismo se entiende en esa lectura directa del libro. El caso del catolicismo es distinto porque se va a diferenciar por no aceptar una lectura individual del texto bíblico sino mediado por la institución. La idea de que la institución o el cuerpo de clérigos es el que te dice que es lo que hay que hacer en cada momento histórico. Entonces la radicalidad católica va a decir que hay que volver a la tradición o a cierto momento de la historia de esa iglesia que la modernidad ha conciliado. En los dos hay un tema de la modernidad y qué hacer con ella. En el caso del catolicismo tiene mucho que ver la relación con la institución eclesiástica. Es decir la reacción es a favor o en contra de esa institución. Los grupos integristas como el de Lefevre salen de la institución para hacer otra iglesia. Ellos dicen que no aceptan las reformas del concilio Vaticano II pero si las del primero. No es volver a cero sino a un momento en el cual se crea.
Estas dos experiencias hacen que cuando se analizan los casos del islamismo y del judaísmo se les pone la categoría integrismo al fundamentalismo. Me parece que hay que tener mucho cuidado porque no es la tradición en la cual estos grupos se nutren.

¿Y entonces cuál es esa tradición?
Es la tradición sobre el tipo de enfrentamiento con la modernidad. Ahí sí vos encontrás, sea el grupo religioso que sea, como viven el enfrentamiento de acomodarse a la modernidad. Esa modernidad puede ser discutida en términos simbólicos, culturales, políticos y en términos de países. Uno puede ver que los discursos religiosos, dependen de los momentos históricos, pasan de una cierta violencia simbólica a una violencia física.
Yo cuando leo eso de morir por una causa digo que eso está en todas las religiones. Si yo lucho contra el enemigo, sea quien sea este enemigo, un pagano, la modernidad, el imperialista, el judío, el católico y en esa batalla yo muero; al morir yo llego a obtener, porque he sido elegido para morir, el gran premio de ir al cielo. En lo que si hay diferencia es el momento histórico que surge y por qué surge.

Pero parece que en el Islam esto se nota más…
En el Islam, el cuerpo de especialistas religiosos tiene bastante autonomía, según las regiones, según los líderes que han tenido históricamente, según sus problemas y como se han resuelto y según los conflictos internos.

Para estos grupos, entonces es inevitable el choque entre la religión y la política, que, mediante el Estado, representa al laicismo…
La “hermandad musulmana” en Egipto reacciona frente al racionalismo laico nasserista. El laicismo es un problema bastante importante. Consideran que su cultura esta siendo rechazada por el Estado. No muy distinto a lo que pasó con algunos colonos judíos al ver como reaccionan. Ahora, si a eso le sumas los enfrentamientos con los EEUU, con los países petroleros, los emiratos, da un caldo de cultivo para que la radicalidad de estos grupos que encontramos en el Islam rápidamente sea trasladada a categorías sociales y políticas. No es nuevo esto. Lo que pasa es que hay ciertos contextos en donde ésta difícil relación entre religión y política lleva a enfrentamientos armados. Otros llevan a enfrentamientos simbólicos, o culturales.

Los grupos terroristas encargados de planificar los atentados suicidas
que golpean en las ciudades occidentales proponen un enfrentamiento en donde mezclan todos esos elementos. Es bastante complejo este fenómeno.

Seguro y por eso no podemos hablar de primitivismo. Una cosa son los mesianismos que son de vastos sectores populares. En cambio estos son pequeños grupos educados que tienen los objetivos claros, una racionalidad muy fuerte. Max Weber los llama “la aristocracia de la salvación”. Es decir grupos intelectuales muy bien formados que se creen elegidos para cumplir el designio de dios. Esta “aristocracia” cree que va al cielo muriéndose. Quienes golpearon en Londres eran jóvenes ingleses formados en las universidades. Esto se parece más a un fenómeno de la guerrilla latinoamericana, en el sentido que son cuadros que no provienen de las clases más pobres. Conocen las reglas del juego: saben dónde, cómo y cuándo golpear y qué impacto va a tener en la opinión pública.

¿Cree que de alguna manera estamos en presencia del choque de civilizaciones que pronosticó Samuel Huntington?
No está muy claro que significa esa teoría. La civilización de ese lado son los islámicos pero de este no se lo que son. ¿Qué es la civilización occidental? ¿La civilización cristiana?, ¿la judeocristiana?, ¿los Estados Unidos? Me parece que llevar esta cuestión al tema cultura es terrible porque de lo que se trata es justamente cómo se dialoga entre culturas y no como se elimina una para poner a la otra. Es volver a la idea de amigo enemigo. A la idea de que este es el demonio y este es dios. Terrible. Hay que tratar de ver en cada uno de los grupos que sectores pueden dialogar. Hay dentro del Islam infinidad de grupos con los cuales se puede dialogar. No se pueden meter todos en la misma bolsa. Estos jóvenes islámicos europeos que en su mayoría nacieron en países laicos y democráticos están construyendo su propio Islam, su propia idea del Islam al cual adaptan de acuerdo al lugar donde están. Si están en situación de precariedad, de discriminación, pueden ser nacionales pero no sentirse parte del mismo. En un mundo en búsqueda de identidad el Islam es una, lo suficientemente fuerte para muchísima gente.

 

 

a Uno de los peores flagelos

Por Deborah Gotthelf* (Desde Nueva York)A

El término “fundamentalismo” significa “volver a las fuentes”; dicho concepto no proviene del Islam, sino del evangelismo europeo, y es utilizado genéricamente para referirse al fenómeno sociológico del mundo musulmán, que se conoce como la “Jihad” o “Guerra Santa”. En este caso, sería volver a las raíces del Corán. Las explosiones suicidas, los ataques terroristas de distinto carácter, no son sino un producto de la educación para el odio que se realiza en el nombre del Islam. O mejor dicho, son una distorsión aberrante de las enseñanzas que se encuentran en el libro sagrado de dicha religión.

Educación para el odio y la auto-inmolación.
Esta deformación se “martillea” a diario en las mentes y en los corazones de adultos y niños en distintos establecimientos educacionales del mundo musulmán.
Los jóvenes musulmanes no se sienten solos en su odio en contra de lo que la jihad sostiene es la perversión y descomposición de la sociedad occidental; muchos de sus líderes políticos y religiosos, enseñan dicha ideología y la justifican con interpretaciones erróneas.
“Usad vuestra fuerza con el máximo poder en su contra, preparaos para la guerra, sembrando el terror en el corazón de vuestros enemigos y los enemigos de Dios, y otros que no conocéis, pero que Dios conoce” (Sura “Los Deshechos”, 60). No se cita el verso anterior (59) en el que se hace alusión a que dicha guerra es en contra de los “no creyentes en Dios”, no en contra de otros pueblos creyentes; el propósito es fomentar el odio en contra de Occidente como “enemigos de Dios y del pueblo musulmán” y así convertirlos en un objetivo de la jihad.
Escuelas y universidades enseñan una cultura que siente, percibe, piensa y actúa en base a un odio en contra de Occidente articulado exitosamente como parte integral del tejido social, legitimando de esta manera el terror contra todos aquellos que son estigmatizados como “enemigos, paganos e infieles”.

Una segunda razón:

La pregunta que debe interesarnos es: ¿por qué la distorsión que se hace del Islam tiene un éxito tan profundo en la juventud musulmana?
El resentimiento musulmán es una realidad que tiene una larga data histórica, y cuyos comienzos se remontan a los días del Imperio Bizantino. Los musulmanes realizaron un ataque a Bizancio, y después hacia el Norte de Africa y hacia Roma en donde esperaban darle un golpe mortal a la raíz de lo que llamaron “la maldad” y erradicarla. No lograron su objetivo, porque fueron derrotados y detenidos en la batalla de Poitiers en el año 711.
Sufrieron además, la invasión de las Cruzadas de los siglos XII y XIII y con ello, la vergüenza de una derrota que dejó la peor de las impresiones en todos los pueblos de la región del Medio Oriente.
El período de dominación colonialista, no contribuyó a mejorar esta imagen. Es más, tiene una influencia histórica definitiva sobre la manera en que en la región se percibe a Occidente y, en la ideología política y religiosa con la que ahora actúan.
En nuestros días, los intereses occidentales en el mundo árabe o musulmán -inicialmente la guerra en contra de la entonces URSS y el intento por dominar una región estratégica en el ajedrez del control mundial; y posteriormente, el interés para nada oculto, por el petróleo que existe en la región- han conducido a políticas que para las sociedades de la región, aparecen como una invasión a todos sus derechos legítimos
Se han utilizado billones y billones de dólares (de EEUU, y de los países de Europa fundamentalmente) para comprar alianzas que después resultaron históricamente “incomodas”, actuando política, militar e ideológicamente de tal manera que posibilitaron la estructuración del odio y la hostilidad en torno a lo que se conoce como la Jihad o “Guerra Santa”.

Osama Bin Laden:

En la década de los ´70 y ´80 EEUU, financió y apoyó logísticamente la lucha de los “Mujahadeen” (guerreros santos) en Afganistán en contra de la ocupación militar de la entonces URSS, El terrorista Osama Bin Laden, tenía 21 años (ciudadano de Arabia Saudita e hijo de una familia de gran poder económico), y se convertía en guerrero-héroe y financista de dicha “guerra santa”.
En la región era conocido como “el Samaritano” por la ayuda económica que le entregaba a hospitales, escuelas, colegios, etc. de los pobres de Afganistán El régimen teocrático, represivo y asesino del Talibán, había encontrado un aliado incondicional.
El 2 de Agosto de 1990, el entonces líder iraquí Sadam Hussein, invade y anexa a Kuwait, ello significaba un peligro inminente para el gobierno de la monarquía Saudita, que es considerada como la “encargada de cuidar” los lugares más sagrados del Islam, las ciudades de la Mecca y Medina.
Osama Bin Laden viaja a su país de origen, y ofrece el apoyo de sus tropas árabes entrenadas en Afganistán, para luchar en contra del invasor. Pero en vez de ello, la monarquía saudita decide aceptar la ayuda de los EEUU, y permite el estacionamiento de tropas estadounidenses en su territorio. Miles de musulmanes consideraron la llegada de EEUU a la región como la peor de las afrentas a su fe y al territorio sagrado del Islam.
La guerra iniciada por George Bush (padre) en contra de Sadam Hussein, conocida como “Tormenta del Desierto” limitó los apetitos territoriales, políticos y económicos del dictador, pero lo dejó incólume y más fuerte en su control de Irak. Es más, fue considerado desde ese entonces como un héroe por muchos árabes del mundo, por su resistencia al “imperialismo yanqui”. Este hecho, convirtió en terreno fértil las mentes y los corazones de muchos musulmanes para el odio predicado por el fundamentalismo islámico en contra de EEUU y los países de Europa que apoyaron dicha intervención; convirtiéndose asi, automáticamente, en el objetivo de ataques terroristas que, desde ese momento ha ido “in crescendo” y sin perspectivas de ser detenido.
En 1996, sintiéndose humillado como miles de otros musulmanes del mundo árabe, exiliado de su país y oculto en Afganistán, Bin Laden le presta ayuda al régimen Talibán y establece su propio grupo de combate. Por otro lado, Pakistán le presta ayuda al Talibán y utiliza a Osama para consolidar sus propios intereses en la región de Kashmir. En 1997, la misma tríada (Talibán, Pakistán y Osama Bin Laden) desplaza a Dostom de Mazar I Sharif y obtiene el control del 95% de Afganistán.
En 1998, Dostom, Masood, Hekumatyar y Rabbani fundan la Alianza del Norte con la ayuda de Rusia. En 1999, Bin Laden envía a sus hombres a Kashmir y a varios otros países de la región a combatir y establece en un Afganistán completamente en caos, su propia organización llamada Al Qaeda, “La Base”. Alimentado por un odio irreconciliable a EEUU y Europa, Bin Laden ordena públicamente una “Fatwa” en contra de Occidente e Israel.
El odio en contra de este último, es parte integral de la Jihad. La causa del pueblo palestino ha sido utilizada como una motivación constante del fundamentalismo islámico. Por lo tanto, la desaparición del Estado moderno de Israel, es una condición sine qua non de su lucha.
La de Osama, era un declaración de guerra que muchos países occidentales consideraron nada más que un slogan hiperbólico, algo hipotético. ¿Declaración de guerra? ¿Y con qué ejército?, se preguntaron todos… gobiernos y agencias de inteligencia aparecieron indiferentes a la amenaza para nada velada del representante mas simbólico y carismático del fundamentalismo musulmán contemporáneo.
La arrogancia e ignorancia de los poderes occidentales tuvo un precio muy alto. En el 2000, Pakistán empieza a entrenar a soldados talibanes y le presta a Osama, los elementos de inteligencia necesarios para luchar en la región de Kashmir y otras naciones. El 9 de Septiembre del 2001, Ahmad Shah Masood, el líder de la Alianza del Norte, es asesinado por hombres de Al Qaeda que posando de periodistas, hacen explotar una bomba colocada dentro de la video cámara que llevaban consigo para entrevistarlo. Masood era un enemigo y una amenaza para el régimen talibán y para el dominio de Osama bin Laden.

El odio en contra de Occidente y EEUU.

Se hace más que evidente a partir del ataque del 11 de Septiembre del 2001; Al Qaeda y 19 de sus terroristas, inspirados por el fanatismo del fundamentalismo musulmán, ataca dos símbolos del Etos de EEUU ( “Etos” del griego, se refiere al espíritu que identifica una cultura o una era) siendo el Pentágono y las Torres Gemelas de Nueva York, el trágico resultado de ello.
La Jihad, sostiene que cada musulmán se considerará un traidor si no se une a los esfuerzos de una Guerra Santa que lleva “el terror al corazón mismo del enemigo”, utilizando aviones como proyectiles, cartas bomba, o mercenarios; asesinando sin compasión a inocentes en cualquier parte del mundo.
Estos sentimientos son utilizados por políticos y líderes que teniendo su propia agenda política, los utilizan como un arma para instigar la guerra y el odio en contra del mundo occidental.
Parte esencial de ello, es el establecimiento y fortalecimiento de los estados teocráticos de la región, como por ejemplo Irán con ambiciones nucleares, se convierte en una amenaza nada despreciable. En ese país, toda esperanza de renovación, de modernización y democracia, han quedado sepultadas por un largo tiempo y por ende, se convierte en tierra fértil para los llamados del fundamentalismo islámico que sostiene que:
-1) Las causas por las cuales se debe emprender el combate y la Jihad están explicitadas en el Sagrado Corán y se justifican ante la agresión imperialista occidental.
-2) Los musulmanes del mundo no deben abandonar en ningún momento, su deber religioso de liberar Jerusalem y la tierra ocupada.
-3) Por lo tanto, se hace un llamado a todos los musulmanes del mundo a dar sus vidas en defensa de los países del Islam que están bajo el ataque o la ocupación perversa y restaurarlos junto a sus lugares santos, arrancándolos de las manos usurpadoras.

Afganistán

En el año 2002, tropas estadounidenses se estacionan en Afganistán, después de un bombardeo sostenido que pretende matar a Osama Bin Laden en Bora Bora. La participación se extiende a tropas del Common Wealth (Canadá, Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda) hasta la derrota del régimen talibán. Otra vez un territorio musulmán era ocupado, invadido y mancillado por tropas occidentales y estadounidenses.

El llamado se ha extendido.

Al Qaeda y las organizaciones que se inspiran en ella, compartimentalizadas y especializadas, se reproducen ahora como un virus; es lo que se ha denominado el “elemento doméstico”.
Estos son ciudadanos de países europeos, de otros países occidentales y de EEUU, que profesando la fe musulmana, se hacen cargo del fanatismo que predican estas deformaciones sistémicas del Corán y que son parte de una educación que conduce a imponer el terror entre aquellos que son considerados como “responsables” de la ocupación e invasión de los territorios sagrados del Islam; responsables también, de la descomposición de las sociedades musulmanas que adhieren, de alguna forma, a los valores occidentales considerados como “perversos” y “paganos” por las teocracias que intentan consolidarse, a cualquier precio en el corazón del Islam.
Este elemento “nacional o domestico”, tiene que considerarse también como un producto estructural de la discriminación, el racismo, la pobreza y la marginalidad que las minorías étnicas y culturales (entre ellas la árabe) sufren en los países de occidente.
El tratamiento que se hace de los pakistaníes en Gran Bretaña como ciudadanos de tercera o cuarta categoría, o el de los argelinos, marroquíes y otras nacionalidades provenientes del mundo musulmán en Francia, España y Alemania, son tan sólo un trágico ejemplo del caldo de cultivo para este nuevo fenómeno (terrorista) del fundamentalismo islámico.
Las células terroristas de Al Qaeda que organizaron el 11/9 en EEUU, lo hicieron durante largo tiempo desde Alemania y concretamente, desde Hamburgo; y conjuntamente vivieron, estudiaron y planificaron el resto de sus operaciones, en territorio estadounidense
La guerra de ocupación de George W. Bush a Irak, con el apoyo de Gran Bretaña y otros países europeos -algunos de los cuales se han retirado de las Fuerzas de Coalición a la luz de la información errónea y manipulada entregada por EEUU ante las NU para justificar su acción militar: discurso de Colin Powell ante dicho organismo internacional sobre la presencia de armas de destrucción masiva en Irak- ha servido para activar, reorganizar y reestructurar una red internacional y nacional para “vengar el honor y el orgullo musulmán”, herido por el imperialismo occidental.
Los ataques terroristas en Madrid y en Londres, son una evidencia dolorosa de lo que se considera un ataque legítimo al corazón del enemigo. Es la multiplicación exponencial de una visión coránica que se hace cada vez más popular entre los jóvenes árabes que nacen y viven en países occidentales, en donde perciben que no hay respeto por sus culturas y etnias. La asimilación para ellos, no es una opción. La lucha en contra de lo que ellos consideran “la maldad de los infieles”, sí lo es.
Esta mezcla de discriminación, fanatismo, pobreza y teocracia es explosiva. Si a ello le sumamos la larga historia de opresión, incomprensión e ignorancia de parte de Occidente, las invasiones-ocupaciones militares injustificadas de EEUU y Europa, y la agenda ideológica-política de los regímenes teocráticos de la región, no podemos más que admitir que la situación se ha tornado más compleja que nunca. La “reproducción domestica” puede o no estar conectada a redes internacionales. Pero eso no es lo fundamental; lo que realmente debe llamarnos a la reflexión, estudio y acción, es que ahora más que nunca, el mundo se encuentra expuesto a la arremetida sin tregua del fundamentalismo islámico y a su peor flagelo: el terrorismo.

*Ph.D. Socióloga y escritora.

 

 

a Entre fundamentalistas anda el diablo

Por Luis Fernando García Núñez (Desde Bogotá, Colombia)A

 

Dice el Diccionario de la lengua española de la Real Academia (2001), que el fundamentalismo es un “movimiento religioso y político de masas que pretende restaurar la pureza islámica mediante la aplicación estricta de la ley coránica a la vida social”. También es una “creencia religiosa basada en una interpretación literal de la Biblia, surgida en Norteamérica en coincidencia con la Primera Guerra Mundial” y, además, es una “exigencia intransigente de sometimiento a una doctrina o práctica establecida”. En otros diccionarios se habla de los integristas, aquéllos que eligen normas rígidas y absolutas.

Tratándose de un reconocimiento del mundo en que vivimos, hay una estrecha relación entre el fundamentalismo y el autoritarismo. Muchas son hoy las tendencias rígidas y absolutas, los extremismos de cualquier doctrina, “los contrarios al pacto o al entendimiento con los que mantienen otras interpretaciones y, desde luego, con el que no profesa las mismas ideas”, dice Eduardo Haro Tecglen en el Diccionario político (1995). Y es indispensable precisar los significados de algunos términos que hoy, con un criterio infame, se van imponiendo con el propósito de justificar acciones criminales y legitimarlas ante el mundo.
No sucede otra cosa, por no ir muy lejos, con los cientos de prisioneros que tiene Estados Unidos en Guantánamo, ni con otros crímenes que se promueven desde los epicentros de las potencias del mundo. El caso del fundamentalista republicano Pat Robertson, que pide asesinar al presidente Hugo Chávez de Venezuela, no se considera en algunos sectores conservadores como un acto violento, sino como necesario, con lo cual justifican la existencia de otros extremismos y le dan vida y razón al terrorismo. Así le han dado consistencia al fundamentalismo islámico y han justificado su existencia. Todos sabemos que Estados Unidos promovió a los talibanes: los armaron y los respaldaron, y lo mismo hicieron con Saddam Hussein y lo han hecho con otros discutibles líderes islámicos. El 11 de septiembre de 1973 nunca será recordado como un acto infame contra un pueblo y contra un gobierno legítimamente constituido, pero nunca olvidaremos el macabro 11 de septiembre de 2001,
Así, Estados Unidos se rasga hoy las vestiduras porque sus antiguos aliados han roto el pacto, las promesas que hicieron cuando recibieron la inmensa ayuda norteamericana. Una mirada sobre el mundo árabe, en particular, podrá explicar el fenómeno que hoy se vive. Gilbert Achcar en Le Monde Diplomatique (edición Colombia, julio 2005), habla de esa ausencia de legitimidad democrática en la mayoría de estos estados, algunos de los cuales tienen dependencia de Estados Unidos, como en el caso del reino saudita, o de Egipto. Y en esos países en especial los ciudadanos “no gozan del habeas corpus, ni siquiera de una garantía de derecho a la vida encontrándose muchas veces atrapados entre el fuego de grupos extremistas asesinos y el de gobiernos poco preocupados de evitar que caigan los inocentes”.

Contradicción

Pero igual a lo que sucede hoy con el término terrorista, como también de alguna manera a lo que ocurrió con el comunismo, los fundamentalistas son condenados por quienes gozan del privilegio de ser extremistas desde sus propias fronteras y desde sus designios específicos de líderes del mal llamado mundo democrático, y volvemos a la misma pregunta: ¿qué es la democracia? Y es que las potencias mundiales, sobre todo las occidentales, Europa y los Estados Unidos, poco o nada se han preocupado por promover la democracia en las regiones en las que hoy impera el Islam. Sus intereses económicos y geoestratégicos no les permiten reconocer el grado de culpa que tienen frente a los avances que han alcanzado los fundamentalismos. El caso de Irán es bastante notorio y la guerra contra Irak, como ya lo hemos dicho en otras oportunidades, se convirtió en una verdadera “Caja de Pandora” del fundamentalismo.
¿De qué otra forma podríamos ver una ocupación militar que busca la democratización de un país, como sucede con Afganistán y con Irak, cuando con ella se han disparado las acciones extremistas y se han fortalecido los sectores más tradicionales del mundo musulmán? Los eventos satánicos se suceden en iguales proporciones entre unos y otros, todos convencidos de que tienen la razón y el impulso divino, de que son los nuevos salvadores del mundo y que están inspirados por Dios. Claro, su Dios, el mismo que les indica dónde están los campos de petróleo, ese oro negro que tantos crímenes ha generado. Por eso no es raro que el señor Bush, adalid de la lucha contra el mal, lleve a su rancho al príncipe heredero saudita Abadía, “dirigente del Estado más oscurantista del planeta”, otro fundamentalista que goza de la bendición de los poderosos del mundo moderno.
Una nueva mirada al mundo de hoy nos lleva a pensar que, en verdad los cambios sufridos son muy variables: El caso de Irak, tan comentado y analizado, nos sirve para hacer una reinterpretación de un fenómeno al que poca, muy poca atención se le ha dado. Azzedine Rakkah en el anuario Oasis, publicado en Colombia (2004-2005), dice que “Es necesario tenerpresente la improvisación de la ocupación, que no deja de generar cierta preocupación en la región, ya que el terrorismo se está convirtiendo en la principal amenaza. Países que habían permanecido libres de este fenómeno, ahora se ven enfrentados al terrorismo. Los países del Golfo, reunidos en el Consejo de Cooperación del Golfo, ratificaron un pacto antiterrorista cuyo principio había sido anunciado en diciembre de 2003”. Con la excepción de Libia, parece que en la región, por no ir tan lejos en la geografía mundial, se ha ido extendiendo la amenaza terrorista.
Nada parece demostrarnos ahora que la situación pueda cambiar. El optimismo de unos frente a los sucesos de la Franja de Gaza, no me permiten vislumbrar que, por ejemplo, el sentimiento antinorteamericano haya dejado de crecer en los países árabes: todo lo contrario. Hay un convencimiento por parte de muchos dirigentes de que la reelecta administración Bush quiere “acabar con todos los regímenes árabes nacionalistas y antiisraelíes”, con lo cual se acrecienta la razón del extremismo y de las conductas que pueden asumir los fundamentalistas. Todo huracán, y sólo tempestad puede amainar si, en verdad, hay una verdadera política democrática en las relaciones internacionales y no la búsqueda, en primera instancia, de la democracia en cada uno de los países que pueden estar en el “Eje del mal”. El caso de Irán es profético. Vean como la intransigencia de Occidente, sobre todo de la Unión Europea y de los Estados Unidos, llevó al poder a sectores fundamentalistas que, con seguridad, van a seguir desestabilizando más a una región ya muy conflictiva.

 

 



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