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Un debate necesario

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Las elecciones llevadas a cabo por la Autoridad Nacional Palestina para elegir cargos ejecutivos y legislativos que proclamaron a Mahmoud Abbas como nuevo Presidente tras el fallecimiento del histórico líder Yasser Arafat, fueron hasta el momento las más transparentes desde la creación de ese organismo. Sumadas a ésta, hay que contar la también realizada en el Irak ocupado de nuestros días, más otros procesos electorales con vistas a renovar cargos en los poderes legislativos del Líbano, Egipto y Arabia Saudita.

¿Comienza a haber un cambio en los regímenes de algunos países árabes de la región, o es tan sólo el efecto de la fuerte presión ejercida por los Estados Unidos y sus aliados, para favorecer sus intereses en esa zona del planeta, tras el estancamiento que sufren por haber invadido Irak?

 

 

¿De qué hablamos, cuando hablamos de democracia?

El concepto refiere, sin lugar a dudas, a la participación libre y soberana de los pueblos para elegir a quienes serán sus representantes en los distintos estamentos del poder político, por un período de tiempo.

Al menos, en teoría, es esta la representación que se tiene de la democracia. ¿Pero siempre se cumple?

Esta idea tiene un fuerte arraigo en los países del hemisferio occidental, donde se encuentra instalado este mecanismo de elección, (sin contar, claro está, con lo ocurrido durante ciertos tramos históricos en nuestros países, los denominados “en vías de desarrollo”, por utilizar un eufemismo post-moderno, que vilipendiados por distintos gobiernos de carácter autoritario, redujeron los Derechos y Obligaciones a un montón de escombros).

En los países árabes del Medio Oriente no existe una tradición democrática, más bien todo lo contrario: gobiernos autoritarios, déspotas y monárquicos dejaron bien marcadas sus huellas en la tradición política de estos pueblos.

A pesar de esto, todo parece indicar que durante la última década comenzó a florecer en los países árabes de esta región, una idea cada vez más cercana a la democrática. Sin dudas, el cambio de régimen será lento y difícil, pero serán sus organizaciones políticas las que deberán diseñar un nuevo futuro.

El caso emblemático de los logros democráticos en cuanto a su difusión mediática es Irak. Un país que soportó treinta largos años de dictadura, una guerra prolongada en el medio con su vecino Irán, y por último la invasión de Estados Unidos y sus aliados.

Con la promesa de “libertad y crecimiento”, las administraciones Bush-Blair, armaron elecciones. El vencedor fue un ciudadano de origen chiita, lo cual fue bienvenido por los aliados. ¿Casualidad?

La soberanía, ante todo.

Las raíces históricas y culturales que marcan la forma de gobernar de estos países son muy poco tenidas en cuenta por occidente cuando presiona buscando la “democratización” de los mismos. Es notoria la falta de libertad de estos pueblos para decidir cómo se organizarán y que harán con su futuro.

La necesidad de un debate profundo, que sirva para mejorar la calidad de vida ciuda dana de estas poblaciones, es una prioridad para los años venideros. Este debate ya comenzó en los centros de poder mundial. Y si bien detrás de todo existen cuestiones estratégicas, económicas y políticas que contaminan la práctica democrática, sería saludable que cada vez haya menos dudas sobre los beneficios que este sistema puede traer a los pueblos cuando otros intereses no corrompen las instituciones. El análisis pasa entonces por los elementos institucionales mínimos que cada país debe cumplir para ser definido como democrático. Seguramente esto sólo no alcanzará para evitar las inequidades pero por lo menos asegurará algo que por ahora nadie puede negar que sucede y que los liberales sostienen hace años: los países democráticos prefieren la cooperación a la guerra.

 

A Dossier: El problema de la democracia en Medio Oriente

“Mi país considera el sufragio popular como base primordial de la vida política, que se ejerce en el reino Hachemita de Jordania”

Por Maximiliano Borches (Desde Buenos Aires) mborches@revistahorizonte.org A

En esta entrevista realizada vía correo electrónico al embajador de Jordania Dr. Nabil Masarweh (la Embajada de dicho país se encuentra en Santiago de Chile, en Buenos Aires sólo funciona un Consulado), el diplomático no duda en afirmar que: “ la participación de la mujer en Jordania, como país árabe, está en pié de igualdad. Asimismo, se observa últimamente un aumento y reapertura de dicha participación en el mundo árabe.”

 

Luego de las elecciones llevadas a cabo en los territorios autónomos palestinos y en Irak, y las también anunciadas en el Líbano, Egipto y otros países del Medio Oriente; ¿Se podría afirmar que el tiempo electoral ha llegado a la vida política de los países árabes?

Jordania apoyó y respaldó las elecciones llevadas a cabo en los territorios autónomos palestinos. Mi país considera el sufragio popular como base primordial de la vida política, que se ejerce en el reino Hachemita de Jordania desde la creación del Estado, y es una Monarquía Constitucional Parlamentaria donde la mujer ejerce sus plenos derechos al igual que el hombre.

¿Esta situación política se desarrolla por la presión externa, o en realidad se vislumbra un cambio en la cultura política de estos países?

No cabe la menor duda que, a raíz del adelanto en los medios de comunicación, donde el mundo se convirtió en una red dentro de los cambios políticos, se siente con más fuerza las presiones para más democracia en la zona por parte de los países desarrollados y el grupo de los 7.

Jordania ha manifestado su punto de vista al respecto, hemos aclarado que los cambios deben producirse desde el interior y no desde el exterior, tomando en consideración los aspectos culturales y tradicionales de cada país, comenzando desde la base popular y no desde arriba, tal como lo manifestó S.M. el Rey Abdullah II.

Cabe recordar que nuestra zona es la cuna de la civilización humana, donde se encuentran estampadas las huellas de los grandes imperios.

¿Considera viable una profundización democrática en el mundo árabe, en donde también, por ejemplo, puedan votar y participar más activamente las mujeres?

La democracia se está profundizando en todo el mundo y es la meta de nuestra época. En Jordania actualmente tenemos cuatro mujeres ministras de estado en el gabinete, más de diez parlamentarias, embajadoras, alcaldesas, etc.. Como he mencionado anteriormente, la participación de la mujer en Jordania como país árabe está en pié de igualdad. Asimismo, se observa últimamente un aumento y reapertura de dicha participación en el mundo árabe.

Cambiando un poco de tema; ¿ la destitución del Primer Ministro de su país, Faisal Faez, podría atraer algún sismo político en Jordania?

 No hay relación alguna en el cambio de gabinete jordano con los sismos, particularmente en la política. Tenemos estabilidad política conocida, cada gobierno que se forma, solicita al poder legislativo la confianza, de acuerdo a su plan de trabajo y su programa. Este procedimiento se realiza desde la fundación del Estado. Todos los países efectúan cambios de gabinete de acuerdo con la marcha de los diferentes aspectos de la vida política y económica de cada país .

Para corroborar lo dicho, el ex Primer Ministro, Señor Faisal Al Faez, actualmente es el Jefe de la Corte Real en el Palacio, participando en la vida política desde otro ángulo.

¿De qué se trata el Plan de Normalización con Israel, presentado por su gobierno en la última cumbre árabe de Argel?, ¿pudo implementarse?

No es un Plan de Normalización con Israel, la iniciativa jor dana es un proyecto de resolución para reactivar la iniciativa de paz presentada por Su Alteza Real, el Príncipe Abdallah, heredero al trono del Reino de Arabia Saudita el año 2002, en la Cumbre Arabe de Beirut, donde dicha iniciativa se convirtió en Resolución, sin embargo, han pasado tres años, y mi país considera que debe ser activada otorgándola un rol más eficiente a la luz de los nuevos acontecimientos y señales emanadas de ambas partes: palestina e israelí, la posición del presidente Bush, los esfuerzos del “Cuarteto” y la implementación del Plan conocido como “Hoja de Ruta” que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adoptó.

 

 

A Dossier: El problema de la democracia en Medio Oriente

El Líbano y la delgada línea roja: elecciones parlamentarias y el retiro de Siria

Por Lic. Erwin Viera (desde Buenos Aires) A 

El primer ministro Najib Mikati, ha formado un nuevo gobierno para dejar atrás seis semanas de altísima incertidumbre, dado que a partir del asesinato del ex premier Rafik Hariri, se han producido una serie de cambios que muy posiblemente trastocarán la realidad del Líbano, como así también, le imprimirán otra dinámica a la política de Medio Oriente, en donde se conjugan varios intereses de diversos y antagónicos países; Líbano, Estados Unidos, Israel por un lado, y Siria e Irán por el otro.

 

El Pacto Nacional de 1943, y sus efectos en los años ´70.

Cuando en 1926, se creó la Primera Constitución, esta fue redactada en unas circunstancias atípicas para la realidad de un país de Medio Oriente, en donde los cristianos constituían la mayoría de la población. Al acceder el Líbano a su independencia, se conformó un pacto entre las diversas comunidades que integran el policromático mosaico del Líbano, surgiendo el Pacto Nacional de 1943, que constituyó una ingeniería institucional para la distribución del poder de las más altas magistraturas del Estado en función de las comunidades religiosas. De ese modo la presidencia de la República estaba reservada exclusivamente para la comunidad católica de rito maronita, la presidencia del gobierno (Primer Ministro), para la comunidad musulmana sunnita, y la presidencia del Parlamento, para los musulmanes chiítas, que en aquel entonces eran la tercera comunidad de las tres principales.

El auge del islamismo en el Líbano en los años setenta, se debió en gran parte al notable crecimiento demográfico de la comunidad chiita, que además poseía vastos sectores de campesinos y de jóvenes desempleados, que más tarde serían captados por el Movimiento de los Desheredados-Brigadas de Resistencia Libanesa, cuya sigla en árabe forma la palabra AMAL (esperanza). La comunidad chiíta percibía que carecía de poder en relación con su creciente peso poblacional, este fue uno de los motivos principales que produjo la guerra civil. Al surgimiento del islamismo se le sumó también el fenómeno de una inmigración masiva de palestinos provenientes de Jordania, tras la expulsión de la OLP por parte de del rey Hussein en septiembre de 1970 (Septiembre Negro). La OLP reprodujo el modelo que provocó su expulsión de Jordania, es decir, la creación de un Estado laico, dentro de un Estado árabe, con la diferencia de que el Líbano se hallaba en una situación de extrema fragilidad institucional y nacional, lo que desembocó en la guerra civil.

El Acuerdo de Taif y la encrucijada actual del Líbano.

En 1989, mediante el Acuerdo de Taif, celebrado en Arabia Saudita, se puso fin a la guerra civil libanesa, en donde Siria y el difunto Hariri jugaron papeles estelares. Este acuerdo permitió celebrar elecciones parlamentarias que no se realizaban desde 1972. La parte más importante del acuerdo fue como se iba a distribuir el poder político entre las diversas comunidades religiosas. Los escaños para el parlamento unicameral libanés se iban a repartir según lo establecido de la siguiente manera:

  • Equivalencias entre las comunidades de cristianos y musulmanes.
  • Proporcionalidad entre cada lista de las distintas comunidades.

 

Los candidatos para el parlamento generalmente salen de listas de los miembros de cada distrito, a su vez, cada lista debe seguir una determinada distribución sectorial para cada localidad.

En las elecciones generales, las listas colectivas de cada comunidad deben asegurar la elección de 64 musulmanes, conformado de la siguiente manera: 27 musulmanes sunnitas, 27 musulmanes chiítas, 8 drusos y 2 alawitas, mientras que los católicos deben asegurarse 64 electos distribuidos de la siguiente forma: 34 cristianos maronitas, 14 cristianos griegos ortodoxos, 8 católicos griegos, 5 ortodoxos armenios, 1 armenio católico, 1 evangelista y 1 candidato por las minorías, en donde se incluyen a los judíos.

Estos números poco o nada tienen que ver con la verdadera distribución de la población libanesa actual, ya que el primer y único censo demográfico data de 1932, lo que demuestra el desfasaje en el que está constituido el Pacto Nacional de 1943.

Por ejemplo, Beirut es el primer distrito electoral, en donde, las diferentes listas deben mantener la siguiente proporcionalidad para integrar el parlamento libanés:

  • 2 candidatos sunnitas
  • 1 candidato maronita
  • 1 candidato ortodoxo griego
  • 1 candidato católico griego
  • 1 evangélico.

Otro importante factor del acuerdo de Taif, es el compromiso de que cada distrito electoral sea una gobernación. Al momento de celebrarse el mentado acuerdo, Líbano contaba con 6 gobernaciones, actualmente consta de 8. Esto se debe, a la ingeniería institucional ( gerrymandering) llevada a cabo por Siria lo que permitió que sus aliados pro-sirios se hicieran con cuotas de poder.

Sabemos que en noviembre del 2004, mediante un particular accionar de Siria ante la expiración del mandato de 6 años de Emile Lahoud, se realizó una enmienda a la Constitución libanesa, en la que el Artículo 49 prohíbe la reelección presidencial. La oposición encabezada por el entonces ex premier Hariri, cuyo bloque constaba con 128 miembros, tenía el suficiente poder para abortar tal modificación, ya que se necesita 2/3 de la mayoría. Pero una vez más, la oportuna intervención de Siria gestionó la prolongación del mandato por tres años más del presidente pro-sirio Lahoud, motivando la renuncia del entonces primer ministro Hariri.

Esto registra su antecedente en el año 1995, cuando a menos de un mes de finalizar su mandato presidencial Elías Hrawi (1989-1995), el jefe de la inteligencia militar siria apostada en el Líbano, Mayor Ghali Kanaan, reunió a los más encumbrados miembros de la elite política libanesa para invitarlos a que aprobaran por única vez, la enmienda constitucional del artículo 49, y de esa manera poder extender el período presidencial de Hrawi por 3 años más.

Quien es quien en el Líbano actual: Los anti-sirios y los pro-sirios.

La oposición es tan vasta, como heterogénea y compleja a su vez, aunque el denominador común entre ellos es su oposición a la intromisión y ocupación de Siria en el Líbano. Uno de los más destacado opositores es líder de la comunidad druza, Walid Jumblatt, cuyo partido es el Partido Socialista Progresivo (mezcla de socialismo y arabismo), quien paradójicamente luego del fin de la guerra apoyó a Siria, pero desde la muerte del otrora hombre fuerte de Siria, Hafez al Assad, ha cambiado radicalmente de postura.

El otro distinguido miembro de la oposición es Michel Aoun, un cristiano maronita, ex jefe del ejército libanés, quien vive en el exilio parisino desde 1990. Algunos observadores mencionan que es uno de los soportes de la “Revolución de los Cedros”, que exige el retiro de las tropas sirias. Al mismo tiempo, sus críticos lo ven como el fiel representante de los que reclaman mantener el status quo de la comunidad cristiana en el Líbano, por lo que Aoun se ha defendido alegando que sólo retornará al país una vez llevada a cabo las elecciones propuestas para fines de mayo, ya que pesa un pedido de arresto hacia su persona.

La otra figura destacada dentro del mosaico de la oposición libanesa, es Amin Gemayel, hermano del asesinado presidente Bashir Gemayel, por haber sido un líder del ala derecha del movimiento falangista cristiano, aliado de Israel.

Amin Gemayel actualmente es miembro del Qornet Shehwam (grupo cristiano) que se dedica a bregar por el retiro de las tropas sirias.

Por último, dentro del amplio arco de la oposición hallamos a Nasrallah Sfeir, Patriarca de la minoría cristiana de credo maronita. Este ha tenido una posición oscilante con respecto a Siria, en la rebelión del entonces General Michel Aoun, estuvo del lado sirio, pero hacia fines de los años noventa comenzó a virar sus opiniones con respecto a la ocupación por parte de Siria, y comenzó a exigir el retiro de toda intromisión en los asuntos internos de la vida política del Líbano.

Los aliados: Pro-sirios

El más notorio es el actual presidente Emile Lahoud, que a pesar de ser miembro de la comunidad cristiana maronita, es un ferviente defensor de los intereses sirios, lo que ha provocado ser un líder débil y de baja popularidad entre sus connacionales. Lahoud llegó al poder en 1998, gracias a las modificaciones constitucionales que Siria logró para que Lahoud fuera entronado en el poder, su permanencia se debe a los “arreglos “ por parte del gobierno de Damasco.

Dentro del arco oficialista, se halla Omar Karami, dos veces primer ministro, en los años ´90, que volvió motivado por la renuncia de Hariri en noviembre del 2004. Es un encumbrado hombre de negocios muy vinculado con la familia del gobernante sirio Assad.

Dentro de la populosa comunidad chiíta, hallamos dos hombres muy importantes para la política actual y futura del Líbano, uno de ellos es el actual líder parlamentario (jefe del parlamento según lo estatuido por el Pacto de 1943), Nabih Berri. Si bien en sus inicios era un hombre laico, fue uno de los líderes de la milicia chiíta Amal. La facción más radicalizada de esta milicia, pasó a las filas del Hezbollah.

Pero posiblemente el hombre más poderoso de la política libanesa, sea el jefe del Partido de Dios o Hezbollah. Líder del movimiento terrorista Hezbollah (según lo explicitado tanto por los Estado Unidos como por Israel, no así por la Unión Europea), Hassan Nasrallah se muestra desafiante de acatar la Resolución 1559 de la ONU, que llama a retirar las tropas sirias y el desarme del Hezbollah.

Actualmente el Hezbollah cuenta con escaños parlamentarios, como así también, con apoyo interno de gran parte de la comunidad chiíta, muy especialmente luego del retiro unilateral de las tropas israelíes del sur del Líbano en el 2000, lo que les granjeó de una importante popularidad entre las comunidades musulmanas.

La retirada de Siria y el dilema del Hezbollah

Siria comenzó a retirar sus tropas, ac anton ándolas en el Valle de Be’eka, área dominada por el Hezbollah, para luego terminar de sacar sus fuerzas armadas el histórico martes 26 de abril.

Durante el involucramiento de Siria en la política interna del Líbano, los gobernantes de Damasco han utilizado todo tipo de acciones políticas para llevar a cabo sus fines, desde azuzar los sentimientos enfrentados entre los musulmanes y los cristianos libaneses, pasando por dividir a la misma comunidad musulmana, entre drusos, sunnitas y chiítas, hasta hostigar al Estado de Israel, mediante la táctica del terror, cuya herramienta es el Hezbollah.

Si bien es cierto, que Hafez al Assad utilizó política y militarmente a la milicia chiíta libanesa del Hezbollah, no es menos cierto, que siempre les tuvo cierto desagrado y recelo por su fuerte influencia iraní, y por su propuesta de instaurar un Estado islámico en Líbano, que iría en detrimento de los intereses políticos de Siria. Con el deceso de Hafez al Assad, el poder recayó en su hijo Bashir al Assad, quien se vio encandilado por la figura carismática del líder del Hezbollah, Hassan Nasrallah, siendo probablemente este el hombre más influyente y poderoso del Líbano. El retiro de Siria del Líbano, bajo el auspicio de la Resolución 1559 de Naciones Unidas, tanto de su tropas como de su poderoso servicio de inteligencia, plantea el interrogante de quién controlará al Hezbollah: ¿quién lo podrá desarmar?, ¿se abocará definitivamente a la política interna libanesa, concentrándose en sus escaños en el parlamento libanés, o seguirá con su doble dinámica, de ser partido político por un lado, y grupo terrorista por el otro?, ¿seguirá sustentando y apoyando a grupos terroristas fuera del Líbano, más precisamente, su involucramiento en el conflicto palestino-israelí?.

Para algunos, el atentado de Hariri fue obra de los israelíes, así de ese modo, podían presionar la partida de Siria, dejándolos sin protección. Este discurso es muy difundido entre la comunidad chiíta libanesa, y algunos drusos también. Sin embargo, para los tomadores de decisión en Israel, les cabe una profunda preocupación por saber quien ocupará el espacio vacío de poder dejado por el retiro sirio, ya que el Hezbollah se convertirá no sólo en un jugador de peso en la política libanesa, sino también en juez de lo que pudiera acontecer en la política del Líbano. Cabe agregar, que el Hezbollah sigue recibiendo apoyo en los niveles políticos, económicos y militares por la Republica Islámica de Irán, y a su vez sigue teniendo un discurso y una practica de negación de la existencia del Estado de Israel.

Para finalizar nos podemos plantear varios interrogantes que todavía están sin resolver. La pregunta del millón es si Siria permitirá elecciones parlamentarias, sin hacer uso de su poder para torcer resultados poco favorables a sus intereses o si utilizará al Hezbollah o Amal para perpetrar atentados contra la oposición, poco proclive a aceptar la ingerencia iraní o siria. ¿El Hezbollah, si no logra un resultado favorable en las urnas, se tornará en un elemento desestabilizante para el Líbano y toda la región? ¿Que pasará si el Hezbollah en las próximas elecciones pierde su caudal electoral y de esta manera su aceptación en la sociedad? El futuro incierto del Líbano, se debatirá entre poder vivir en paz o volver a remontar una nueva guerra civil, que puede alterar aun más la realidad de Medio Oriente y alejar un horizonte de paz para la región.

 

A Dossier: El problema de la democracia en Medio Oriente

Cauta expectativa frente a la ola democratizadora en Medio Oriente

 Por Lic. Agustín M. Romero* (Desde Buenos Aires) A 

 

A pesar de los signos positivos que se están dando en el Medio Oriente hay que ser cautos en las expectativas sobre los resultados finales. En otras palabras, no hay que festejar a cuenta ya que el proceso recién se esta abriendo.

 

Son varios los signos alentadores que desde el 2005 están ocurriendo en la región. En el conflicto israelí-palestino se han producido algunos adelantos esperanzadores. En efecto, ganó Abbas, un moderado, en las elecciones palestinas; los líderes de Israel y la Autoridad Nacional Palestina (ANP) sellaron un compromiso para detener las acciones militares una contra la otra; Abbas se comprometió a luchar contra las facciones armadas palestinas que atacan a Israel e Israel se comprometió a retirarse de Gaza y de cinco ciudades de Cisjordania, a liberar a prisioneros palestinos de sus cárceles y a suspender las acciones militares contra los lideres de las organizaciones terroristas palestinas para darle tiempo a la ANP para que realice ajustes importantes en sus estructuras de seguridad interna.

Paralelamente, el embajador egipcio en Israel, Muhammed Assam Ibrahim, tomó oficialmente posesión de su cargo en Tel Aviv, después de cuatro años de relaciones interrumpidas. La decisión había sido tomada en la cumbre que se realizó en febrero en Egipto entre el presidente Mubarak y el premier Sharon. Por otro lado, Los representantes de trece partidos y organizaciones palestinas se pusieron de acuerdo en El Cairo en mantener un período de calma en Oriente Medio al menos hasta finales de este año y dar con ello espacio al presidente palestino, Abu Mazen, para seguir negociando con Israel. El anuncio fue realizado por Omar Suliman, el jefe de los servicios de seguridad egipcios, que ejerció en la cumbre como representante directo del presidente Hosni Mubarak, patrocinador del encuentro y su garante ante Israel.

Como nunca antes, los países árabes protagonizan una serie de prácticas democráticas poco comunes en esa región signada por dictaduras, represión feroz y autocracia. En efecto, se han dado elecciones municipales en Arabia Saudita, elecciones en Irak (elecciones “libres” a pesar de que los terroristas amenazaron y llevaron a cabo atentados el día de la elección, pero la gente fue igual) y Afganistán y un compromiso de cambio de régimen electoral en Egipto con los comicios presidenciales multipartidistas anunciados para septiembre. Efectivamente, se esta produciendo algún proceso de apertura en Egipto donde Mubarak anunció que iba a impulsar cambios en las leyes electorales bajo la fórmula de sufragio universal directo y con varios candidatos. Habrá que ver para creer.

En otro orden de cosas, se está concretando muy lentamente el “retiro” de Siria del Líbano y se está formando un incipiente movimiento popular contra el gobierno pro-sirio en Beirut. En efecto, se produjo una movilización de un millón de personas (sobre una población de 3,5 millones), pidiendo que Siria se vaya del Líbano y el pronto esclarecimiento de la muerte del ex premier Hariri.

Sin embargo...

Las elecciones en Irak han consagrando a un candidato pro Irán isl amit a, Ibrahim Jaafari. También las elecciones en Arabia Saudita demostraron que se favorece a los candidatos islamistas. Por tal motivo, surge indefectiblemente una pregunta: ¿Se dan cuenta de que una insurrección contra los autoritarismos árabe o egipcio pondría en el poder a los islamistas antioccidentales y antinorteamericanos?

Las promesas de Mubarak parecerían ser puramente cosméticas. Las realizó por la ayuda que recibe de EEUU, quien apuesta a la idea democratizadora en Oriente Medio. En consecuencia, los “cambios democráticos” en Egipto serían para la Administración Bush un rotundo éxito y un muy buen ejemplo que se puede creer en este proceso. No basta la retórica de la democracia y la libertad invocada una y otra vez por los republicanos. Es posible, de ocurrir las elecciones libres en Egipto, que ganen los extremistas islámicos. Es de esperar, como consecuencia, como ocurrió en Argelia, que gane una facción radical islámica, como el Frente Islámico de Salvación FIS, y, que en consecuencia, se produzca un golpe de Estado que anule todo el proceso y “acomode” otra vez la realidad a los intereses anteriores.

Líbano

Las esperanzadoras manifestaciones democráticas en el Líbano también generan cierta preocupación. El patrón político es claro: una remoción muy rápida de los gobiernos tiránicos podrían hacer surgir una serie de gobiernos de religiosos radicales. Lamentablemente, los islamistas son los que tienen los medios para ganar elecciones: el talento para concebir ideologías atrapantes, la energía para fundar partidos, la devoción para convencer colaboradores, dinero para gastar en “campañas electorales”, “honestidad” para apelar a los votantes y capacidad para intimidar a los rivales. El ejemplo más claro es el del Hezbollah. Estos poseen un poderoso soporte logístico y social que lo ha convertido hoy en el actor decisivo no sólo político (ya que tiene varios representantes en el Parlamento libanés) sino militar y de equilibrio de fuerzas en ese país. La máxima tensión interna está representada ahora por la profunda fractura social que implica la división irreconciliable entre quienes apoyan la tutela de Damasco y quienes abogan por la independencia. Como ingredientes explosivos, esa tensión se asienta, en lo interno, sobre un precario equilibrio entre etnias y religiones (aquí conviven musulmanes, chiitas, sunnitas, cristianos de varias vertientes y drusos). Y, en lo externo, sobre la enemistad con Israel y su sociedad con Siria e Irán, quienes en el fondo buscarán entorpecer y descarrilar cualquier proceso positivo y constructivo de Israel y los palestinos.

Por esto los “cambios” que según la Administración Bush se están dando en Oriente Medio son una falacia ya que las “transformaciones” se producen solamente donde EEUU puede controlar más o menos los resultados con un candidato cercano a Occidente. En el resto de la región se sigue tolerando a los déspotas amigos.

En una reciente entrevista al presidente de la República Islámica de Irán, Mohammed Khatami (que esta a punto de cerrar su segundo mandato y en total sumará un período de ocho años al frente de dicho país) se le preguntó sobre los logros de su gobierno. Khatami respondió sin vueltas y claramente lo que desde Occidente se teme. El líder iraní dijo: “Durante siglos, nuestro país conoció la dictadura. Está arraigada en la mente de nuestro pueblo”. Esta declaración pone de manifiesto que la democratización en ese país (y la conclusión puede ser expansiva al resto del mundo árabe porque las condiciones políticas son similares) es muy difícil de concretar, por lo menos en el mediano plazo y bajo los principios y bases de las democracias Occidentales.

Sin embargo, para terminar con un dato alentador, una reciente encuesta en Irak muestra que la gran mayoría apoya un sistema democrático para el país. Además, frente a la pregunta:¿Irak está mejor sin Sadam Hussein? Las respuestas fueron variadas; por un lado fue poco optimista entre los sunnitas ya que sólo el 23% creen que sí. Mientras que entre los shiítas, el 87% ve mejor a Irak sin Saddam y los kurdos rebasaron este número, con un 95% que afirma que hay una mejoría.

No todo esta perdido.

*Analista internacional. Profesor de Política Exterior Argentina y Teoría de las Relaciones Internacionales en la Carrera de Ciencia Política y en la Maestría en Relaciones Internacionales en la UBA.

 

 

A Dossier: El problema de la democracia en Medio Oriente 

Democracia en Medio Oriente:

¿es posible?

Por Mtro. León Portman (Desde México D.F) leon@acecomunicacion.com.mxA

Lograr transformaciones en un país implica una verdadera evolución que requiere trabajo, compromiso, educación, voluntad y condiciones propicias, y más si se trata de remontar tradiciones ancestrales de usos y costumbres que rebasan el plano de la organización política y se mezclan con aspectos religiosos, sociales y culturales.

Entonces qué sucede si esta premisa la extrapolamos a toda una región que se ha caracterizado por establecer formas de organización de mando único y prolongado, dígase monarquías, dictaduras, emiratos, etc. La respuesta es obvia, la capacidad de cambiar y transformarse se vuelve más lenta y complicada. Ése es el caso del Medio Oriente.

 

Las teorías políticas no se aplican fácilmente en esa parte del mundo, y las explicaciones no son simples ni pueden ser generales. El caso de Irán es distinto al de Líbano, Siria no se compara con Jordania, Egipto discrepa de Irak, y así abundan los ejemplos. En todo este mapa de coordenadas políticas distintas conviven, más no siempre armonizan con la democracia representativa que se practica en el Estado de Israel.

Siendo la democracia el modelo occidental más promovido y aplicado a nivel internacional, es natural que se plantee la incógnita si este sistema es posible que llegue a establecerse en otros países del Medio Oriente. Al menos esa es la apuesta de los Estados Unidos de Norteamérica que buscan por todas las vías posibles la concreción de dicho asunto.

Cabe destacar que en los sistemas democráticos se promueve la participación libre y equitativa de los ciudadanos para poder votar y ser votados, eligiendo así bajo diversas circunstancias a quienes los gobernarán por un determinado período de tiempo. Con ello lo único que se garantiza, es como establece un dicho mexicano: “la posibilidad de elegir a un estadista, un tirano o un ladrón, sólo por ciertos años”, repitiéndose en cada proceso.

Pero la democracia es mucho más que elecciones libres, es también la representación e influencia del pueblo en las decisiones públicas, la capacidad de que se respeten los derechos de las minorías y se aplique la voluntad de las mayorías. Sin el propósito de emitir juicios de valor, este sistema de organización política ha resultado hasta ahora imperfecto pero viable, quizá por ello es que se busca la democratización del Medio Oriente.

La disparidad en las reglas y conductas que se aplican en cada Nación, hacen que se busque homogenizar los sistemas y por ende tratar de que los códigos sean lo más conocidos y compartidos posibles. En caso contrario, las relaciones diplomáticas se complican y también las formas de comprensión en cuanto a las decisiones y conductas de cada país.

El concepto de soberanía se suma a la ecuación compleja del Medio Oriente ya que la injerencia en los asuntos de vecinos, sea por razones de seguridad, afinidad religiosa, cultural, intereses económicos, entre otros, han hecho que históricamente existan disputas bélicas, fricciones políticas, control e invasión física de territorios. Con la democracia estas situaciones no están exentas, pero sí se contraponen y denuncian en foros multinacionales.

No es propósito de este artículo de opinión establecer un análisis profundo de cuál es la fórmula de gobierno que “convendría” más a la referida región, sin embargo lo que sí es importante es establecer cómo la globalización en todos sus sentidos ha traído a la discusión pública la pertinencia de que la democracia se aplique como un sistema que sirva para distencionar presiones sociales, políticas, militares, culturales y religiosas, principalmente en los países árabes como Líbano, Siria, Irán, Irak, Jordania, etc.

La difícil transición hacia la democracia

Existe un aspecto ideológico que complica aún más el panorama, y que hace que dicha transformación no sea ni de cerca simple. La histórica lucha entre pueblos hermanos y la constante invasión de potencias extranjeras que han determinado y delimitado territorio separando o mezclando grupos étnicamente distintos es una constante del Medio Oriente. Por tal motivo el que sea precisamente Israel, un estado considerado ajeno, con todas las connotaciones y referencias que tiene y se le otorgan, el que practique la democracia le da un matiz que en principio les brinda elementos a sus enemigos para rechazar el sistema.

Además, los intereses económicos y de control social que se manejan en los países árabes hacen compleja la decisión de evolucionar hacia un sistema democrático, que a fin de cuentas pondría en riesgo al status quo de dichos países. Con ello no quiero decir que sea una misión imposible, sino establecer que existen resistencias enormes para lograr transformaciones que les permitan a sus gobernados acceder a nuevos estándares de libertad de expresión y manifestación pública en todos los sentidos.

En este aspecto, el avance ha sido lento pero el trabajo de grupos disidentes a los regímenes, así como la presión internacional ha marcado el camino para que al menos se plantee la pregunta y la posibilidad de establecer la democracia en Medio Oriente.

La respuesta está oculta en el tiempo, y sólo ése nos dirá si se logra la transformación política de la región, que en un fin último también buscaría establecer una zona de paz y desarrollo para todos sus miembros.

 

 

A Dossier: El problema de la democracia en Medio Oriente

“Exigir a todo el mundo que se democratice al mismo tiempo y con las mismas condiciones puede resultar contraproducente. Pero impulsar una desarrollo evolutivo hacia la democracia en todo el mundo, me parece algo positivo”.

Por Damián Szvalb (Desde Buenos Aires) dszvalb@revistahorizonte.org  A

Rosendo Fraga es un referente a la hora de analizar temas de política nacional e internacional. En esta entrevista con “Horizonte” defiende los valores democráticos por sobre los de cualquier otro sistema pero advierte sobre las dificultades y los límites que las potencias occidentales deben tener en cuenta a la hora de querer expandir este sistema a regiones que se acostumbraron a vivir bajo regímenes tiránicos. Fraga es consultor de distintas entidades, entre ellas la Fundación Mediterránea y el Consejo Argentino de Relaciones Internacionales. Es colaborador de diversos medios periodísticos argentinos como los diarios La Nación, Clarín, El Cronista, y Ámbito Financiero. Es el director y editor del mensuario LA AVISPA. También publicó más de veinte libros sobre temas políticos, militares y económicos

¿Cuáles son los elementos institucionales mínimos que debería tener un país para ser considerado democrático?

Para considerar realmente democrático a un país, además de elecciones competitivas y división de poderes, hace falta una real vigencia del estado de derecho y la libertad de expresión y de prensa. La democracia necesita la legitimidad de origen que da el voto, pero también la de ejercicio.

¿Cree que las democracias occidentales se encuentran sin mecanismos adecuados para contrarrestar dentro de la “ley” la amenaza terrorista? Me refiero a la posibilidad de que muchos gobiernos justifiquen en la lucha contra el terror, el avance sobre las libertades individuales de las personas .

 

Es histórico el conflicto entre los valores de seguridad y libertad en los momentos de crisis, amenaza o guerra. En estos momentos, las democracias aceptan transitoriamente restricciones al ejercicio de determinados derechos. Pero pienso que durante la Segunda Guerra Mundial, EEUU y Gran Bretaña, mostraron como aún en un conflicto de esta envergadura, es posible mantener el marco democrático. Frente al terrorismo, es lógico que se acepten limitaciones transitorias a determinados derechos. Lo importante es que éstas queden siempre bajo el control de un poder judicial independiente que evite los excesos.

 

La insistencia del neoconservadurismo norteamericano en expandir la democracia en el mundo, ¿es sólo una excusa para conservar el poder expandiéndose militarmente o realmente creen que ese es el camino para combatir las amenazas para los EEUU?

 

La idea de que hay menos riesgo de guerra, conflicto o amenaza entre democracias que entre gobiernos autoritarios, se ha comprado empíricamente en la historia contemporánea. Desde esta perspectiva, es válido plantear que extender la democracia es una política eficaz para combatir al terrorismo. Pero como en todo, los principios llevados al extremo se transforman en fundamentalismo y de ello también pueden derivar errores. Exigir a todo el mundo que se democratice al mismo tiempo y con las mismas condiciones puede resultar contraproducente. Pero impulsar una desarrollo evolutivo hacia la democracia en todo el mundo, me parece algo positivo.

 

¿Cree posible que en Medio Oriente se está repitiendo de alguna manera el proceso de transición a la democracia que se dio en los 80 en Latinoamérica y en los 90 en las ex repúblicas soviéticas?

 

En alguna medida es así. Las elecciones en Irak y Afganistán con sus limitaciones son un paso en esta dirección, al igual que las que tuvieron lugar en Palestina, las elecciones locales en Arabia Saudita, la apertura en Egipto y la movilización que tiene lugar en el Líbano. Esto confirma que el modelo de Turquía que combina la religión musulmana con la democracia y el capitalismo, es un camino posible. Ello no quiere decir que sea inexorable y este puede ser el error.

 

¿Entonces cree que la democracia es universal y puede ser impuesta en cualquier país?

 

Un siglo atrás, para Max Weber la democracia y el capitalismo sólo podían funcionar en los países anglosajones y los nórdicos, donde la religión pro test ante había generado las condiciones para ello. Después los países con religiones orientales como Japón y Corea del Sur mostraron que podían funcionar en este modelo, más tarde lo hicieron los países de la Europa católica, la India también demostró la posibilidad de adaptarse a esta combinación y también lo hicieron los países de Europa Central y Oriental y con limitaciones América Latina. En África Sudáfrica ha mostrado tener la aptitud para hacerlo después del “aphartheid”. China y Vietnam muestran hoy el giro hacia el capitalismo pero sin democracia y el mundo árabe comienza a darse pasos en la dirección de la combinar la democracia y el capitalismo. El balance sin lugar a dudas muestra que si bien no se trata de un sistema inexorable para todo el mundo, ha tenido éxito en muchos más lugares de los que pensaba Max Weber un siglo atrás. Pienso que por lo menos los países tienen que tener la oportunidad de optar por la democracia.

 

¿A que atribuye que EEUU, el símbolo de la democracia liberal y occidental, se haya convertido en el centro de las críticas más despiadadas de gran parte de la prensa y de la opinión pública internacional?

 

EEUU tiene hoy una concentración de poder político, económica y militar sin precedentes en la historia. En una comparación histórica, tiene más poder que el Imperio Romano al comienzo de la Era Cristiana, que el Imperio Español en el siglo XVI o el Británico en el XIX. Esto inevitablemente genera envidia, resentimiento y celos. Pero también Washington ha descuidado la opinión pública internacional, concentrándose en su propia opinión pública que tiene una visión diferente a la del resto del mundo

 

 

A Dossier: El problema de la democracia en Medio Oriente 

Democracia islámica: ¿paradoja o realidad? / ¿primavera o Invierno?

Por José Kliksberg (Desde Boston, Estados Unidos) A

 

¿Es una utopía pensar en un modelo de democracia Islámica? Dentro del crisol que representa el mundo islámico existen corrientes emergentes que abrazan muchos de los ideales occidentales. Muchos musulmanes se sienten atraídos por la combinación de ideales Islámicos y valores democráticos. Hoy en día los musulmanes alrededor del mundo abrazan la elegancia, lógica y profundidad del Islam más calurosamente que en cualquier otro momento del siglo. Dentro del lenguaje Islámico de justicia, moralidad, esperanza y compromiso, encuentran no solamente religión sino una fuerza vital en el que hacer político, social y espiritual. Al mismo tiempo que el Islam crece en sus países y en occidente, mayorías silenciosas de musulmanes demandan los ideales de gobierno representativo y libertad de expresión asociados con la democracia. Para muchos estos valores democráticos pueden resonar dentro del Islam y pueden desarrollarse en tandeo con sus vidas. Pero fuera de este contexto idealista, ¿puede coexistir la democracia y el Islam en el realpolitik del mundo árabe?

 

En el Islam actual hay democracias emergentes como las de Turquía e Indonesia, cuasi-democracias como la de Pakistán, de-facto dictaduras presidenciales como las de Egipto, monarquías constitucionales como Jordania y Marruecos, y una monarquía como la de Arabia Saudita donde la palabra del rey es la Ley y donde no existen el sistema electoral. Irán combina un presidente y legislatura electa con un líder religioso supremo no electo (Ayatolá). En Argelia se intentó la vía democrática en 1989, lo que llevó al Partido Islámico a ganar y a una sangrienta guerra civil iniciada por el Frente de Liberación Nacional para retomar el poder. En Asia Central las repúblicas son manejadas como las provincias satélites Rusas que siempre han sido. Sin embargo hay cada vez más voces en cada uno de estos países que gritan por mayor democracia y participación. Sorprendentemente, las voces más sonoras son usualmente las de los Islamistas, activistas que creen que “El Islam es la solución” a sus problemas políticos y a sus vidas privadas.

Thomas Friedman acuñó este momento histórico como la “primavera árabe”. La idea es que un efecto domino ocurrirá, traída de la mano por occidente, una vez que los países árabes se den cuenta de los beneficios de la democracia. Los pueblos reclamarán democracia creando una demanda y necesidad y occidente ayudará a construirla y si es necesario a implantarla por la fuerza. A raíz de la invasión de Irak y Afganistán los Estados Unidos desean implantar un modelo de democracia Islámica empezando por Afganistán y continuando con Irak. La Guerra de Irak, ha dejado miles de muertes en ese país, además de los 1500 soldados americanos muertos. Pero también trajo el principio de una democracia.

La distribución del poder el Irak

La Asamblea Nacional iraquí hoy por hoy tiene 275 miembros, el 25%, por ley, de ellos mujeres. La composición étnica de Irak es; 60% árabes Chiítas, 20% Sunitas (minoría que dominaba bajo Sadam), y un 17% es Kurdos. Esto es lo que la hace tan explosiva. El Primer Ministro Ibrahim Jaafari es de origen Chiita y se ha aliado con el líder Kurdo Jalal Talaban para formar un gobierno de coalición. Por primera vez en 50 años el Primer Ministro iraquí ha sido elegido democráticamente y es representativo de un 77% de la población (Chiies y Kurdos). Jaafari ha invitado a los Sunnis a que se sumen a su gobierno y renuncien a la insurgencia. Apoyado por figuras religiosas como Ali Sistani (líder Chiita) busca pacificar el violentísimo país, unir a las tres mayorías étnicas e instaurar una democracia emergente aunque distante de ser perfecta. Irak se debate entre una Constitución secular o una Constitución islamista basada en Shaarias (edictos religiosos). El Islamismo puede ser la fuente de legislación o una de las fuentes junto al secularismo que muchos iraquíes desean. Los EEUU y el pueblo iraquí no desean que un grupo de abogados de Harvard impongan la Constitución sino que sean los mismos iraquíes los que definan su Carta Magna basada en valores seculares o en el Shaaria del concejo religioso iraquí. Asimismo Irak puede constituirse en un Estado federal con los Kurdos en el norte, los Chiies en el sur, y los Sunnies en lo que se llama el triángulo Sunni o en un Estado central que domine a los insurgentes y que distribuya la renta petrolera entre las bases políticas. Sin embargo, el mayor problema sigue siendo el construir un ejército fuerte, para enfrentar la insurgencia Sunni y extranjera (Zarqawi), reinstaurar los servicios públicos para la población y definir si los 120,000 soldados americanos se quedarán o se irán gradualmente. Irak es una apuesta americana a la primera democracia al estilo Islámico.

Democracia palestina

Otro ejemplo interesante de democracia “in the making” es la Autoridad Palestina. En las elecciones presidenciales de los territorios palestinos hubo un 80% de participación de la población, mayor que el de cualquier elección europea y sólo menor que el de Israel con 90%. Las masas palestinas expresaron su deseo democrático dentro del caos que se vive en esa sociedad. El próximo Julio serán las elecciones para la Asamblea Palestina en la cual el popular movimiento terrorista y político Hamas se medirá con el Fatah (brazo político de la OLP). Hamas ganó las elecciones locales en Gaza y apuesta por un modelo de democracia islámica, desea disminuir la corrupción de la AP y seguir combatiendo con Israel. Fatah sea probablemente el ganador pero tendrá que negociar una coalición con los fundamentalistas del Hamas quienes les seguirán muy de cerca en las urnas.

La democratización de estos países traerá a los partidos Islamistas al poder. Es por esto que Islam y democracia no son necesariamente contrarios. La pregunta clave es que forma tendrá una democracia Islamista; (Constitución, Poder Legislativo, Estado de Derecho, Derechos Humanos). La primavera Árabe esta todavía muy lejos y muchos dictadores tendrían que ser depuestos antes de que llegue, pero valdrá la pena ver que sucede en Irak.

 

 

 

A Dossier: El problema de la democracia en Medio Oriente

Democracia, ética y autoridad en Irak

Por Luis Fernando García Núñez* (Desde Bogotá, Colombia) lfgn@hotmail.comA

Hoy, más que nunca, debemos preguntarnos ¿qué es, de última, la democracia? ¿Podemos hablar de ella en los mismos términos en que hablan personajes como Bush, o Blair, o Aznar, o Putin, o Ariel Sharon? ¿Los afganos, los iraquíes, los árabes, los haitianos, tendrán la posibilidad siquiera de pensar en esa compleja y abstracta noción, cuando apenas tienen tiempo de pensar en la supervivencia del día tras día? No puede uno imaginarse a estos pueblos pensando como piensan los dirigentes de un mundo que apenas los conoce y poco sabe de sus incertidumbres y de sus vicisitudes. ¿Qué puede pensar el pueblo iraquí que durante una década completa fue sometido a un estricto embargo por parte de unos vencedores que se amparaban en unas resoluciones de un mal llamado Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas?

 

Al fin y al cabo los iraquíes acudieron a las urnas, como querían los invasores, para avalar un acto que el mundo libre y responsable repudió. Igual, unos meses antes de la guerra, Saddam Hussein organizó y orquestó otras elecciones que él consideró libres, y las ganó en forma apabullante. Como si acudir a unas urnas fuera el acto democrático más limpio y claro que existe para confirmar que una democracia es una democracia. Y viene la contradicción: ¿cómo es posible que quienes consideran que las elecciones son un principio fundamental de la democracia, desconocieran las inmensas manifestaciones contra la intervención y la guerra? O es que, como dice Noam Chomsky en El miedo a la democracia, los Estados Unidos continuarán “la inexorable tarea de imponer el orden y la estabilidad (lo que significa un debido respeto a los amos) con el consentimiento y apoyo de las demás potencias industriales, juntamente con las riquezas canalizadas a los Estados Unidos de las monarquías productoras de petróleo que de ellos dependen”.

Sí. Parece que por ahí se filtra, para los poderosos, el sentido de un gobierno del pueblo. El miedo a la diversidad se multiplica hoy entre quienes detentan la autoridad. A ella le temen y, entonces, “debemos superar las flaquezas de nuestra sociedad, tales como ‘los excesos de una mentalidad permanentemente abierta’, ‘el exceso de tolerancia’ y ‘el desacuerdo interno’. Tendremos que aprender a ‘distinguir entre la necesidad de tolerancia y la necesidad de una represión justa’, característica esencial del ‘sistema democrático’. Es particularmente importante aislar a nuestros sindicatos, empresas cívicas, escuelas, iglesias y a todos los medios de comunicación para influir en la opinión’…” (Chomsky, Ob. cit.). Y es cuando se habla del eje diabólico, el del mal, el que recibe y entrena terroristas. No importa que desde el Pentágono se prepare a los mercenarios que recorren el mundo para “imponer” la democracia que ellos quieren, ni que se proteja en territorio estadounidense a criminales como Posada Carriles, o se organicen desde los cuarteles norteamericanos golpes de Estado, o los medios de comunicación le mientan a la opinión pública mundial, con el fin de ganar un apoyo que, en verdad, no les importa o, mejor, no necesitan.

Es en este contexto dramático que debemos mirar ese llamado proceso democrático que enfrenta Irak. El profesor Eric Tremolada dice en un interesante y revelador artículo (Oasis, 2004-2005), titulado “Consenso jurídico y divergencias morales respecto del uso de la fuerza estatal: Irak un ejemplo reciente”, que “El uso legítimo de la fuerza en el ordenamiento internacional parece estructurado en conceptos polarizados, consenso y coerción, seguridad e inseguridad, defensa propia y necesidad de auto preservación. Curiosamente el positivismo legal liberal, amante del pluralismo y la libertad, supone un orden basado en la posibilidad de sanciones coercitivas, sin embargo, en la práctica no hay consenso cuando se trata de determinar la autoridad que debe ejercer la sanción. Hoy, pese al extremo formalismo legal, no sólo discutimos respecto de si el reciente uso de la fuerza en contra de Irak se trató de un unilateralismo o se enmarca en el sistema de seguridad colectiva de las Naciones Unidas, podríamos hacer lo mismo respecto de los bombardeos de la OTAN en Yugoslavia y de los llevados a cabo por Estados Unidos y el Reino Unido en contra de Irak durante cuatro días de diciembre de 1998 y que esporádicamente se repitieron”.

¿Elecciones libres?

Las elecciones de enero en Irak, organizadas y dirigidas desde cuarteles militares, acompañadas de observadores impuestos por los agresores, no se parecen en nada al proceso electoral que vivió en estos días Gran Bretaña, o al de Estados Unidos hace apenas unos meses. Con qué rasero medimos: con el de un pueblo sumido en la absoluta pobreza, intervenido, neutralizado y, en la realidad, desconocido y enfrentado, quiérase o no, con unas potencias decididas a imponer su voluntad y que cuentan con una inmensa fuerza destinada a consolidar su hegemonía, aún en contra del mundo.

Y es que, como lo dice Bernardo Vela Orbegozo en El declive de los fundamentos económicos de la paz: de la Conferencia de Bretón Woods al Consenso de Washington, “… es necesario considerar que en un mundo donde ha cambiado la estructura de las relaciones internacionales también ha cambiado la estructura de los conflictos y, además, ha surgido una propuesta positiva de la paz que consiste en el paso del simple mantenimiento del statu quo, que sólo exige abstenciones, a la construcción de una nueva cultura contraria a la violencia en general, y no sólo a la guerra, que exige acciones positivas dirigidas a la construcción de una sociedad diferente. En este sentido, se puede advertir que lo opuesto a la paz no es la guerra, sino la violencia en general o, en otros términos, que la violencia no se reduce sólo a las acciones armadas”. De esta forma, en medio de la ocupación y de la intervención, no se puede suponer ni creer que exista la democracia, por más elecciones y electores que haya.

La democracia consolida y fortalece la soberanía y, además, se sustenta en los más variados procesos de búsqueda de la legitimidad, del desarrollo y de la libertad. Es indispensable una mirada crítica y profunda sobre el sentido de la democracia en Irak. ¿Quiénes quieren la democracia y qué democracia quieren? Ya no está en el poder Saddam Hussein, ahora el poder se comparte entre facciones, sin la legitimidad que se requiere para iniciar un proceso de reconstrucción, y sin la autoridad suficiente para exigir una retirada de las fuerzas invasoras y poder ganar en el campo internacional la confianza que se requiere para crear un Estado.

Más allá de las urnas

Por otro lado, y finalmente, no debemos pensar que la democracia sólo se alcanza en las urnas. Este concepto va más allá de esa particular participación ciuda dana , tan en boga en Occidente. Otros factores la acompañan, algunos de los cuales los hemos enunciado tangencialmente en este artículo: un auténtico desarrollo económico, una verdadera actitud de la clase dirigente para fortalecer el equilibrio en los variados sectores de la sociedad, lo cual supone una verdadera distribución de la riqueza y una profunda revolución en todos los campos: económicos, sociales, culturales, políticos… Y pensar que la democracia para los iraquíes no la podemos inventar en Occidente, la deben inventar ellos y sólo ellos.

 

*Politólogo y analista internacional.

 

 



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